Crema dulce de calabacín y manzana

Hace ya algunas semanas que la temporada natural del calabacín en España ha ido dejando paso a la de su prima cucurbitácea mayor, la calabaza. No obstante, para los que alimentamos la nevera con el fruto de la huerta burgalesa, es habitual encontrar aún a estas alturas del otoño algún que otro calabacín que llevar a la mesa.

Si en vuestra casa reina la hartura ante la perspectiva de otra crema insulsa de verdura, no hay mejor alternativa que armarse de paciencia y dos sartenes a fuego lento y pasar por la plancha el calabacín en rodajas. Si lográis el punto perfecto —un poco crujiente y caramelizado—, hablamos de un manjar imbatible. Pero como preparar un calabacín así lleva más tiempo que el que tarda la planta en madurarlo, conviene tener una alternativa a mano.

Esta crema no es fruto de la casualidad. La fruta es algo con lo que siempre me gusta experimentar en los platos, y una manzana pochadita a fuego lento en compañía de cebolla y ajo es una fuente inagotable de sorpresas agradables en la cocina. Así aparecía en aquella receta de pasta con salsa de manzana y chips de verdura, en nuestros guisantes cremosos con jamón, o en la pizza burgalesa que nos inventamos en aquel primer #amimanera de Madresfera. La de hoy es bien sencilla, y el resultado es una crema con un punto dulce espectacular.

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Brócoli al horno

Nada tan injusto como el odio al brócoli. La propia palabra ha quedado ya imbuida de connotaciones que la convierten en el paradigma de lo asqueroso, lo maloliente y lo poco apetecible. El pobre, culpable tan solo de ser primo de la coliflor y el hedor con que esta puebla los pasillos de casa cuando se la recuece sin contemplaciones.

Es cierto que esta verdura presenta un sabor fuerte y una textura peculiar. Estamos acostumbrados a que nos la sirvan descolorida, «blandurria» y sin gracia ninguna. La culpa es nuestra por desgraciarlo en la cocina.

Afortunadamente, en casa hemos aprendido desde bien pequeños a apreciar brecol, coliflor y romanescu, cada uno con sus matices y peculiaridades. Nuestras hijas pueden devorar un plato de brócoli al vapor con entusiasmo; si, además, le añadimos un sofrito de ajo por encima… cabe incluso la posibilidad de que esa cena sea la protagonista en nuestra rutina final de «lo mejor de tu día».

Con esta receta vamos un paso más allá. El brócoli quedará ligeramente crujiente, acompañado de una mezcla de toques salados y sabor a monte. Lejos queda la imagen de esos arbolitos blandos de rancho de comedor penitenciario. En esta casa vuelan del plato. ¿Vamos?

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