Porteamos; la etapa bebé

Igual que al colecho, al porteo llegamos de la forma más natural. Llevar a nuestras hijas bien cerca de nosotros era lo que nos pedía el cuerpo. A eso se sumó el hecho de que ninguna de las dos haya aguantado nunca mucho tiempo a gusto en el carro, así que las distintas formas de porteo —siempre ergonómico, por favor— se convirtieron pronto en la única solución de desplazamiento que nos evitaba a todos dolores de cabeza.

Con el tiempo todas hemos sabido adaptarnos a las necesidades familiares de cada momento, y pasados un par de años supimos llegar a un compromiso razonable en el uso de la silla de paseo y la mochila de porteo. También nosotros como padres aprendimos que una y otra tienen sus ventajas, y somos de la opinión de que salimos ganando si aprovechamos lo mejor de cada sistema en lugar de aferrarnos de forma tozuda a una única alternativa.

Mientras nuestra hija mayor fue bebé probamos varios sistemas portabebé buscando la opción ideal para cada momento del año y cada etapa de su desarrollo. Estas son todas las fases que recorrimos con ella:

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Parecía que sí, parecía que no

No es difícil encontrar por ahí listas de prescindibles e imprescindibles para la crianza. Lo que uno incluye en según qué columna depende en buena medida del estilo personal con que cada familia afronta el día a día con sus hijos. Hay quien estima de primerísima necesidad tener un carro de 1.000€ con buenos amortiguadores y quien de buena gana invertiría esos mismos 1.000€ en 3 ó 4 buenas soluciones de porteo con las que cubrir todas las etapas motoras de su familia.

Este tipo de recomendaciones entrañan un riesgo para los padres primerizos que, como yo, no hayan tenido contacto alguno con el mundo de los bebés hasta el momento de estrenarse en esta aventura. No podemos descartar que terminemos sumando los imprescindibles de todos los demás mientras obviamos la prescindibilidad del resto. Porque, oye, «nunca se sabe».

Nosotros fuimos más de quedarnos cortos que de pasarnos en la compra. Preferimos ir incorporando artilugios a medida que íbamos descubriendo necesidades que habríamos sido incapaces de imaginar desde nuestra perspectiva de no-padres. Casi todo lo que acumulamos por exceso llegó a casa en forma de regalos, herencias y préstamos. Una pena que tantas buenas intenciones caigan en saco roto pudiendo haber cubierto otras necesidades más realistas.

En cualquier caso, nos hemos encontrado con objetos de puericultura que nos han resultado muchísimo más útiles de lo que habríamos imaginado, mientras que otros en los que habíamos depositado más esperanzas han terminado en esa estantería alta del armario en la que acumulamos aquello que no encuentra salida en Wallapop. Continúa leyendo Parecía que sí, parecía que no