Sopa de espinacas

No estoy muy convencido de estar haciendo lo correcto al compartir esta receta. Y no porque quiera guardármela para mí; no, no es eso. La primera vez que la improvisé sobre la marcha como una forma nueva de darle salida a la bolsa de espinacas que habíamos comprado para cenar a mamá le encantó. Tengo que reconocer que su criterio culinario parece flojear últimamente, así que no sé si fiarme de sus halagos.

El caso es que pasaron las semanas y mi envejecido cerebro borró por completo la lista de pasos que había seguido para llegar hasta aquel resultado tan aparentemente delicioso. Quería recuperar la receta para guardarla para otra ocasión, así que me animé a hacer un segundo intento, con tan mala suerte de que quedara bastante regular. Hasta donde yo recuerdo seguí más o menos los mismos pasos, y mamá tampoco advirtió diferencias significativas entre una y otra elaboración.

Así pues, aquí os dejo la receta misteriosa. Podéis probarla y me contáis después qué os ha parecido. A lo mejor vosotros descubrís dónde está el punto negro que necesita mejorar para recuperar el éxito original.
Continúa leyendo Sopa de espinacas

Anuncios

Sopa de no sé qué pescado

La cocina que se hace en nuestra casa baila en una coreografía de contrastes, oscilando, según el caso, entre el caos más absoluto y el orden más pulcro y escrupuloso. Tengo que reconocer, eso es cierto, que el primero es el caso más habitual. Son contadas las ocasiones en las que seguimos recetas de terceros al pie de la letra; probablemente sólo cuando hacemos repostería casera o mientras vamos progresando en el «Pan casero» de Ibán Yarza, libro que aprovecho para recomendaros mucho si sois tan panazas como nosotros. En el mayoritario resto de las ocasiones nos limitamos a coger ideas de aquí y allá y adaptarlas en función de los ingredientes que tenemos en la nevera.

Intentamos programar el menú semanal con antelación y, si las circunstancias lo permiten, vamos comprando el día anterior durante el paseo los ingredientes que nos van a hacer falta para la próxima cena y la comida de mañana. Algunas de las sugerencias del menú que cuelga del frigorífico apuntan a recetas concretas que tenemos en nuestro Google Drive culinario particular, pero la mayoría no pasan de la vaguedad de un «pasta» o un triste «patatas» que dejan abundante —excesivo— margen a la creatividad. Tiramos entonces de inspiración y Google a partes iguales y hacemos lo que podemos para ir gastando ese medio puerro que empezamos hace dos días y aquella latilla de mejillones que se esconde en la balda superior del frigorífico detrás de los yogures.

Con semejantes bases, no es raro que acabemos descubriendo por casualidad —«¡eureka!»— que nos gusta más la salsa césar hecha con sardinas en lugar de con anchoas —que son bastante más caras y raramente habitan en nuestra despensa—, o que unos macarrones cocidos en suero de leche y aderezados con la salsa de pimientos que nos sobró de un guiso de bacalao son un manjar que vamos a tener que repetir más a menudo. A veces nos encontramos con que hemos comprado un ingrediente absurdo para una ocasión muy puntual, y no nos queda más remedio que añadírselo a cada plato después para ir gastándolo. Pobre mamá, que se pasa entonces días y días sufriendo los trocitos de cilantro que a mí me chifla ponerle a todo.

Y así llegamos a platos como el que os voy a contar hoy, construido sobre los restos de varias cenas de pescado a la plancha, utilizando como andamios varias recetas que encontré sobre la marcha y que adapté a los humildes ingredientes que teníamos a mano. El resultado nos gustó tanto que mamá se lo ha pedido como parte del menú oficial de su próximo cumpleaños; no os digo más. Así que, más que para vosotros, escribo esta entrada para mí, para que no se me olvide cómo lo hice. Ya sabéis que en casa estoy a cargo del Departamento de olvidarse de todo.

Continúa leyendo Sopa de no sé qué pescado