Natillas de chocolate y plátano sin azúcar

En casa no somos muy partidarios mamá y yo de proponer equivalentes saludables a productos que habitualmente no lo son. El mensaje que lanzamos a los niños ofreciéndoles de continuo helados, galletas o postres sin azúcar puede resultarles confuso. Preferimos centrarnos en alimentos frescos. Ahí no hay lugar para el error. Por eso, ahora que hemos encontrado nuestra frutería de confianza, no es de extrañar que el chico que nos atiende se sorprenda de que repitamos compra de varios kilos de fruta al menos un par de veces por semana.

No obstante, a nadie amarga un dulce, y de vez en cuando nos gusta probar. Comprar un día un helado por «San Porquesí» o cocinar un postre casero original un martes cualquiera de julio nos sirve para alejar dos fantasmas nutricionales: Por un lado, aquel que asocia inevitablemente cualquier día especial a la comida lechona. Por otro, el sentimiento de prohibición que tan a menudo termina despertando en los niños un deseo ansioso e irrefrenable por devorar hasta a escondidas aquellos dulces que normalmente sienten como vetados.

A pesar del ritmo al que consumimos la fruta, el calor estival juega a veces en nuestra contra. Quizá hayamos atravesado un par de días más del lado de la nectarina y la sandía, y dos de los plátanos de la docena que compramos el lunes llegan al jueves agonizando en la cesta de la fruta. En ese caso, una receta dulce de aprovechamiento como la de hoy acude siempre al rescate. Nos vale un simple batido de leche y plátano, pero también podemos aprovecharlos para darle consistencia a un helado casero de fruta congelada batida o a unas natillas.

Natillas de fruta sin azúcar las hemos probado en varias ocasiones. De papaya o papayón, de caqui… Pero el resultado que más nos gusta, sin lugar a dudas, es el de esta versión con plátano. Es cierto que mantienen un regusto bananil que quizá no agrade a quien reniega del plátano como nuestra amiga Natalia, pero el conjunto nos parece el más aproximado a lo que uno espera cuando se come unas natillas de chocolate.

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Las recetas son para el verano

Si el verano pasado en casa fue el de los polos (de plátano y cacao, de sandía, de mango o de salmorejo, entre otros), el de 2017 ha sido el de los helados de fruta. Esta vez los hemos presentado en casa como algo puntual: el desayuno de uno de los pocos sábados que teníamos despejados para disfrutar los tres juntos en la cocina, una merienda sorpresa en alguno de esos días de San Porquesí… Casualidad o no, nos hemos librado de los berrinches que ya vivimos el año pasado cuando a nuestra hija se le antojaba tomar helado de postre y no quedaba ningún polo en el congelador.

A diferencia de algunos de los polos que elaborábamos el año pasado, los helados de esta segunda edición del verano cocinillas tienen como base única la fruta triturada. Prescindiendo del zumo y cambiando el orden de las elaboraciones conseguimos helados más cremosos en lugar de polos helados con la pulpa distribuida desigualmente. Solo necesitamos una cosa: fruta troceada congelada previamente.

Podemos congelar fruta a propósito o podemos aprovechar simplemente esas piezas que han madurado más de la cuenta y que es difícil comer al natural sin ponerse hecho un cristo. Hay que ver la velocidad a la que evolucionan los plátanos en el frutero con el calor de estos meses… En casa, los helados se han convertido en una receta más de aprovechamiento para que no se pierda nada.

Estos han sido nuestros preferidos del verano:

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Helado de plátano con chocolate

Me gusta la fruta madura. Es más, no entiendo que haya a quien os guste comer la fruta aún verdecilla, con ese toque ácido que le pone a uno los pelos de punta. La razón de ser de la fruta es la dulzura y para eso se inventó. Toda fruta que se precie terminará su vida útil en una explosión de dulzor y zumo. Nada que ver con esos mazacotes secos y crujientes que parecéis disfrutar comiendo algunos.

Con todo y con eso, hay un límite de madurez a partir de la cual incluso a mí me da cierto repelús comer un plátano. A veces ni siquiera es que estén particularmente maduros, sino simplemente que han sufrido los inconvenientes de ser una fruta tremendamente práctica para llevar en la mochila por si a la niña le entra hambre. Nos encontramos a menudo con plátanos en estado de «semiespachurrez» que ni siquiera cerrando los ojos soy capaz de comer. ¿Y qué hacemos con ellos? Desde luego no tirarlos. Aquí no se tira nada.

A menudo utilizamos la fruta que ha superado todas las líneas rojas de la blandura para hacer un batido fresquito con leche. Como son frutas ya muy dulces, no necesitamos añadirles azúcar, y dejándolo enfriar un rato en la nevera son un postre ideal para estos días calurosos de verano.

Pero hay otro postre perfecto y que también apetece mucho ahora: los helados. Hacía poco que habíamos probado esta receta de polos caseros de fruta que nos propone Marujismo y entusiasmados con nuestra compra de los moldes andábamos a la caza de nuevas posibilidades. Coincidió que teníamos un último yogur de los que hacemos en casa que teníamos que consumir antes de irnos unos días —como no tienen conservantes «sólo» duran alrededor de una semana—, así que no tardamos en urdir un plan.

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