Torre de aprendizaje

Hace unos días os hablé de algunos de los objetos que, para bien o para mal, nos habían sorprendido durante nuestros primeros años de paternidad / maternidad. Deliberadamente dejé uno aparte para dedicarle una entrada específica: la torre de aprendizaje.

Para bien o para mal debía de sorprendernos también este artilugio cuya existencia desconocíamos hasta hace tan solo unos meses. Con ese nombre tan rimbombante nos referimos en realidad a una versión revisada de una práctica simple y antigua: dejar que los niños se suban a una silla para que puedan alcanzar una altura mayor. Ya sabemos que las propuestas pedagógicas como Montessori son dadas a veces a darle nombres bonitos a todo…

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Bizcochitos otoñales de temporada #amimanera

La calabaza es uno de los productos más agradecidos de la huerta del tío Julio. Se presta a todo lo que le hacemos. Son ya un clásico de las comidas familiares por estas fechas los buñuelos y el bizcocho de calabaza de la abuela. Nosotros en casa somos unos habituales del bizcocho de yogur, así que para esta nueva convocatoria del #amimanera de Madresfera hemos tratado de unir ambas recetas en una sola y darle un toque especial que a nosotros nos ha encantado.

Además, intentamos como siempre que los ingredientes frescos de la receta sean los propios de la temporada en la que estamos, así que nada mejor que combinar la calabaza con otro producto también naranja muy propio del tiempo frío: la mandarina.

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Salmorejos apócrifos

Parece mentira que a estas alturas de octubre ande yo hablándoos de salmorejos, pero así lo ha querido el Monstruo del Espagueti Volador, señor del clima y los océanos. La temporada de tomates ha venido este año con tanto retraso en la huerta del tío Julio que la semana pasada todavía recibimos de manos de los abuelos una nueva caja de tomates bien colorados recién recolectados. ¡Tomates! ¡Cuando lo que tendríamos que estar cogiendo son setas!

Como ya os he contado en más de una ocasión, la única pequeña —minúscula— pega de consumir las verduras procedentes directamente de la huerta es que éstas llegan siempre por oleadas. Está uno tan tranquilo en Madrid disfrutando de unos agradabilísimos 39º a la sombra cuando de repente se encuentra con una caja de 5 calabacines y 5 pepinos en la encimera de la cocina.

Los tomates son de los productos que más disfrutamos aprovechando en casa. Con todo, puede resultar pesado repetir una semana tras otra las mismas recetas de salmorejos, gazpachos y salsas tomateras. En el caso del famoso plato cordobés, hace ya tiempo que empezaron a popularizarse versiones alternativas que incorporan otras frutas además del tomate, como el mango o la sandía. Nosotros nos hemos atrevido a ir un paso más allá, y hoy os propongo dos formas diferentes de preparar el salmorejo. Quizá llegue tarde para los tomates de esta temporada, pero aquí quedará registrado para quien tenga el valor de probarlas el verano que viene.

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Guisantes encebollados con zanahoria

En esta casa nos encantan las legumbres. Lentejas, garbanzos o alubias no faltan nunca en nuestro menú semanal. Sin embargo, si hay una legumbre que forme parte habitual de nuestra dieta, ésa es sin duda el guisante. Porque sí, amigos, aunque su color quiera hacernos creer que se trata de una verdura u hortaliza, el guisante no es sino un tipo más de legumbre. Son sanos, fáciles de preparar e ideales para iniciarse en la aventura del baby led weaning, así que ¿por qué no incorporarlos a nuestra dieta?

Unos buenos guisantes con jamón constituyen seguramente la receta más popular con estas agradecidas pelotitas verdes en el acervo gastronómico de nuestro país. Es un clásico entre los primeros platos de esos menús del día a 10€ que pueblan las aceras de nuestras ciudades. En alguna ocasión en la que la lista de la compra nos ha fallado, nosotros hemos probado a cocinarlos sustituyendo unos inexistentes taquitos de jamón por chorizo, tengo que decir que con éxito de crítica y público.

No obstante, desde que hicimos bueno en casa aquello del «donde comen dos comen tres», tratamos de no abusar de las carnes procesadas en forma de embutidos que suelen presentar una cantidad importante de sal. Por eso, un día se me ocurrió tratar de reemplazar el jamón o el chorizo por una alternativa un poco más saludable: la zanahoria. No sé si lo conseguí, pero el resultado nos gustó y desde entonces contamos con una posibilidad más a la hora de preparar guisantes en casa. Os cuento cómo.

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Tortilla con crema de calabacín

Cuando digo que en esta casa no se tira nada es que no se tira nada. Nada de nada. ¿Han sobrado esas dos últimas cucharadas de puré de calabacín que quedan en la cazuela y no quiere nadie? ¿Te apetece lo mismo apurar la crema de zanahoria que recibir un balonazo en tus partes pudendas?  Ningún problema. Las ponemos en una tarrina y las guardamos para combinarlas en una receta facilísima para una cena rica y saludable.

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Pasta de centeno con salsa de zanahoria

Entre las muchas verduras de temporada que asaltan nuestra despensa después del verano suelen pasar desapercibidas las zanahorias. No ocupan tanto como los enormes calabacines del tío Julio ni son tan abundantes como las decenas de tomates que nos traemos cada fin de semana de la huerta, pero también son numerosas y tenemos que ir buscando formas alternativas de darles salida poco a poco.

Aparte de comerlas crudas como aperitivo o en ensalada, las añadimos en buena parte de los sofritos que utilizamos como base de nuestros platos. Este año, sin embargo, hemos incorporado una receta nueva al menú semanal que a mamá le encanta y que nos sirve para consumir alguna zanahoria más: la salsa de zanahoria para los platos de pasta.

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Guarrindongada de melocoatún

Hace ya unos añitos desde que David de Jorge, también conocido como Robin Food, se hizo un hueco entre el plantel de los cocineros más televisivos de nuestro país. Si soy sincero, tengo que admitir que nunca he visto ninguno de sus programas. Sin embargo, sí sé que es conocido, entre otras cosas, por sus «guarrindongadas», una aportación simpática que se cuela entre las esferificaciones y otros términos rimbombantes del resto de los chefs de alta cocina para acercar el producto de sus fogones a la realidad de los hogares españoles.

Esas mezclas inconfesables que se comen por la noche en cada casa a la luz de la puerta abierta de la nevera nos sirven a menudo para dar buena cuenta de latillas a medio terminar, chuscos de pan de hace dos días y antojos azucarados que combinan sorprendentemente bien con el embutido más selecto. Y en una cocina como la nuestra donde no se tira nada, hay mucho hueco para las «guarrindongadas».

La de hoy se la debemos a mi madre, que supongo obtendría a la vez la idea de las páginas de cocina de alguna de las revistas del corazón que de vez en cuando caían en sus manos. Contada la receta suena a guarrería, pero es un recurso fresco, rápido y fácil de preparar que bien puede salvarnos una cena y que a mí me encantaba comer en casa. La receta original de mi madre es incluso más inmediata que la que yo os propongo. Ya sabéis que a ella no le gusta mucho cocinar. Yo le he dado una vuelta para tratar de hacer una versión más casera y sana con algo más de elaboración. Al final de la receta os contaré en qué varía. Quedaos vosotros con la que queráis (confieso que a mí me gusta bastante más la versión original de mi madre, todo sea dicho).

La lista de la compra

  • 3 melocotones amarillos que estén empezando a ponerse maduros.
  • 2 latillas de atún al natural.
  • ⅛ de cebolleta pequeña.
  • Un poco de esta lactonesa casera de Javi Recetas o, en su defecto, mayonesa casera. Ambas son igual de fáciles de hacer en casa en vivo y en directo, pero nosotros hacemos siempre lactonesa por aquello de evitar el huevo crudo que no le sienta bien a la pequeña de la casa.

El camino a la perdición

  • Pelamos los melocotones y los abrimos por la mitad haciendo un corte que rodee toda la pieza de fruta hasta el fondo con un cuchillo y girando después las dos mitades con fuerza con la mano.
    Yo he probado a hacer el corte tanto siguiendo el borde de la pipa como girando la fruta 90º para hacerlo por medio de ésta. Ambas técnicas me han funcionado igual de bien. Si se abre la pipa, cosa fácil con este tipo de fruta, podéis quitarla bien con una cucharilla o un cuchillo. Aseguraros de que no queden fragmentos pegados a la carne, eso sí.
  • Picamos la cebolleta en trozos muy pequeños.
  • Escurrimos las latas de atún y desmigamos el contenido. Después lo mezclamos bien con la lactonesa y la cebolleta. La cantidad de lactonesa o mayonesa depende de lo que os guste. Yo no pondría tanto como si fuera una ensaladilla rusa, pero eso ya cada uno.
  • Disponemos con una cuchara una montañita de la mezcla de atún y cebolleta sobre cada una de las mitades del melocotón. ¡Y listo!

El truco final

Esta receta está mucho más rica fresquita que a temperatura ambiente. Lo ideal es tener todos los ingredientes en el frigorífico antes de prepararla. También podéis dejar lista la mezcla y los melocotones y ponerlos un rato a enfriar antes del emplatado final.

La variación de mamá

En mi receta tenemos que pelar 3 melocotones y abrirlos por la mitad, además de preparar una mayonesa o una lactonesa casera en el momento de ir a elaborar la receta. Podéis ahorraros la primera parte del trabajo sustituyendo los melocotones frescos por sus primos en almíbar. Ya vienen pelados y sin hueso, y el hueco que dejan al quitárselo es bastante más generoso que el que os va a quedar a vosotros haciéndolo a mano. Además, el toque dulce adicional del almíbar queda muy rico junto al salado del atún.

En lugar de salsa casera, siempre podéis utilizar una mayonesa comprada. Aunque el sabor no tiene nada que ver, también queda bien en la receta, y os evitáis el dolor de cabeza de posibles cortes de la mayonesa casera —que son fáciles de evitar, ojo— o de huevos crudos en mal estado.

Por último, mi madre utilizaba siempre atún en escabeche en lugar de al natural. A mí me gustaba más porque incrementa el juego de sabores del conjunto, pero como la nueva mamá que tengo a mi lado es poco amiga de los vinagres, nuestra versión prescinde del escabeche y se ahorra así un poco del mejunje que traen las latillas y que poco color de aceite de oliva natural tiene.