Sopa de espinacas

No estoy muy convencido de estar haciendo lo correcto al compartir esta receta. Y no porque quiera guardármela para mí; no, no es eso. La primera vez que la improvisé sobre la marcha como una forma nueva de darle salida a la bolsa de espinacas que habíamos comprado para cenar a mamá le encantó. Tengo que reconocer que su criterio culinario parece flojear últimamente, así que no sé si fiarme de sus halagos.

El caso es que pasaron las semanas y mi envejecido cerebro borró por completo la lista de pasos que había seguido para llegar hasta aquel resultado tan aparentemente delicioso. Quería recuperar la receta para guardarla para otra ocasión, así que me animé a hacer un segundo intento, con tan mala suerte de que quedara bastante regular. Hasta donde yo recuerdo seguí más o menos los mismos pasos, y mamá tampoco advirtió diferencias significativas entre una y otra elaboración.

Así pues, aquí os dejo la receta misteriosa. Podéis probarla y me contáis después qué os ha parecido. A lo mejor vosotros descubrís dónde está el punto negro que necesita mejorar para recuperar el éxito original.
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Empanadillas encadenadas

En casa somos fieles seguidores de las recetas de Marujismo. Habitualmente son sencillas que no necesariamente simples—, sanas y resultonas, y nos ayudaron mucho en nuestros comienzos en el «baby led weaning». Es por eso que hoy quiero hacerles un pequeño homenaje con la que, si no me equivoco, podría ser la primera receta encadenada de la historia de la Madresfera. Ahí es nada. También es cierto que esta receta nos salió sin querer por otra parte, como el 95% de las cosas que cocinamos en casa, pero eso no lo sabe nadie. Vamos, pues, con la magia.

La receta nace a partir de estos garbanzos con espinacas que nos gustaron un montón. Y eso que carecen del ingrediente fundamental de cualquier plato de legumbre que se precie: una buena morcilla de Burgos. Pero el caso es que nos gustaron y, como a la gusanita le encantan los garbanzos, reservamos una buena cantidad para que se diera el festín que quisiera. Seguramente se nos fue un poco la mano con el optimismo, así que nos vimos de repente con un generoso plato sobrante para el que a los papás ya no nos quedaba hueco ni apretando fuerte con la cuchara —cosa rara en mí, todo hay que decirlo—. Como en esta casa nos hemos criado en la cultura de la reutilización, somos expertos en la cocina del aprovechamiento, y decidimos que el plato de garbanzos pasaría a formar parte de las empanadillas que teníamos previsto cenar aquel día.

La lista de la compra

  • Las sobras del plato de garbanzos con espinacas de la receta anterior. Pero que sobre al menos medio plato, ¿no? Que os conozco y os veo haciendo esto con un garbanzo.
  • El resto de la bolsa de espinacas que os debería haber sobrado de la receta de Marujismo si le habéis hecho el debido caso.
  • Un paquete de obleas para empanadillas, o lo que quiera que uséis para hacer empanadillas en vuestra casa. A nosotros nos gustan las de tamaño grande (La Cocinera tiene, por ejemplo, dos tamaños) porque en las chiquitinas casi no cabe relleno.
  • 1 cebolleta.
  • 1 zanahoria grande, o 2 si son pequeñas.
  • 1/2 pimiento rojo.
  • 1 latilla de caballa en aceite.
  • 1 latilla de atún en aceite o al natural.
  • Los restos de un bote de tomate frito que no sabíais en qué gastar.
  • Aceite de oliva (si puede ser; si no, pues del que uséis en casa, siempre que no sea el aceite del coche).
  • Sal y especias a tutiplén (las especias, no la sal).

El camino a la perdición

  1. Picamos en «brunoise» sí, lo he buscado en Google la cebolleta.
  2. Mientras terminamos de picarla, habremos puesto a calentar en una sartén amplia un par de cucharadas de aceite. A mí me gusta sofreír las cosas despacito, así que suelo ir añadiendo las verduras a medida que las voy teniendo cortadas. Ponemos por tanto la cebolla a pochar a fuego flojito (al 2 en una cocina de 6 niveles como la nuestra, por ejemplo).
  3. Hacemos lo mismo con la zanahoria y el pimiento y lo vamos añadiendo a la sartén según lo vayamos picando. Dejamos que se vaya haciendo todo despacito hasta que la cebolleta vaya quedando transparente. Según el aceite que hayáis echado y lo rayada que esté vuestra sartén, removed de vez en cuando si hace falta, ¿eh?
  4. Si para este momento ya os habéis aburrido, podéis echar un poco de sal y alguna especia que se os antoje. También se puede sazonar después, qué más da. Yo soy muy de especiar los platos según me van dando prontos, así que no os voy a reñir por eso.
  5. Mientras se sofríen las verduras, poned a cocer las espinacas siguiendo las instrucciones del fabricante. Ya sabéis que no hay que cocer de más las verduras, pero allá cada uno. En cuanto estén listas, escurridlas y reservadlas.
  6. Cuando las verduras estén bien pasaditas a vuestro gusto, quitad el aceite de la lata de caballa y añadid el pescado a la sartén, removiéndolo para que se reparta bien. En función de cuántas empanadillas queráis hacer, le vendrá bien añadir otra latilla más, que es lo que nos pasó a nosotros. Para darle más gracia, lo combinamos con una de atún, así tampoco abusamos con las latas de este segundo pescado, que los peces grandes empiezan a ser polémicos por aquello de los metales pesados.
  7. Vamos removiendo todo junto y añadimos las espinacas, las sobras de garbanzos y los restos de tomate frito. Yo suelo echar un poco de agua al tomate para apurar bien el bote, así que le podemos subir un poco el fuego a la sartén para evaporar el exceso de líquido y que no nos chorreen las empanadillas.

El truco final

Cuando veamos que el relleno va tomando la consistencia adecuada, empezamos a rellenar las empanadillas con cuidado. La forma tradicional de terminarlas es friéndolas en abundante aceite caliente; eso nunca falla. Sin embargo, si queréis evitaros un poco de fritanga, os recomiendo darle una oportunidad a las empanadillas al horno. Basta con pintarlas por fuera con huevo batido y pasarlas un rato por el horno; muchas veces casi no hace falta ni darles la vuelta. El resultado de la masa es completamente distinto, pero está muy bueno también.

Hasta ahora nunca habíamos intentado hacer la masa de las empanadillas nosotros mismos, pero la semana pasada nos pusimos un día manos a la obra con esta receta de borekas de berenjena de Cocinando entre olivos y no nos pareció especialmente difícil —sí laborioso, porque terminamos de amasar obleas pasada la medianoche—. Tendremos que hacer la prueba para ver si este tipo de masa, además de al horno, también se puede preparar frita. Desde luego el resultado es inmejorable.


 

P.D.: efectivamente: soy tan cutre que ni siquiera tengo una foto del plato para acompañar la receta. Ese soy yo: el papá que llega tarde y pone recetas cutres. Pero oye, si a estas alturas de la vida no sabéis cómo son unas empanadillas, creo que podréis seguir viviendo sin ver la foto. ¡Que os guste!