Las recetas son para el verano

Si el verano pasado en casa fue el de los polos (de plátano y cacao, de sandía, de mango o de salmorejo, entre otros), el de 2017 ha sido el de los helados de fruta. Esta vez los hemos presentado en casa como algo puntual: el desayuno de uno de los pocos sábados que teníamos despejados para disfrutar los tres juntos en la cocina, una merienda sorpresa en alguno de esos días de San Porquesí… Casualidad o no, nos hemos librado de los berrinches que ya vivimos el año pasado cuando a nuestra hija se le antojaba tomar helado de postre y no quedaba ningún polo en el congelador.

A diferencia de algunos de los polos que elaborábamos el año pasado, los helados de esta segunda edición del verano cocinillas tienen como base única la fruta triturada. Prescindiendo del zumo y cambiando el orden de las elaboraciones conseguimos helados más cremosos en lugar de polos helados con la pulpa distribuida desigualmente. Solo necesitamos una cosa: fruta troceada congelada previamente.

Podemos congelar fruta a propósito o podemos aprovechar simplemente esas piezas que han madurado más de la cuenta y que es difícil comer al natural sin ponerse hecho un cristo. Hay que ver la velocidad a la que evolucionan los plátanos en el frutero con el calor de estos meses… En casa, los helados se han convertido en una receta más de aprovechamiento para que no se pierda nada.

Estos han sido nuestros preferidos del verano:

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Ensalada oriental de garbanzos

En la pizarra magnética de nuestra nevera no puede faltar cada semana el epígrafe «Ensalada» como plato único para alguna de las comidas o cenas del menú. Lo habitual es que acabe materializándose como una ensalada más o menos tradicional de lechugas u otras hojas verdes, pero de vez en cuando nos gusta variar.

Uno de los descubrimientos de este verano ha sido una ensalada de legumbre que nos inventamos un día y que, desde que la probó, pasó a formar parte de la selecta lista de platos favoritos de mamá. Quería repetir cada semana, e incluso insistió en incluirla en el menú familiar que preparamos para las fiestas del pueblo. Eso sí que son palabras mayores…

Hemos probado ensaladas de lentejas o alubias anteriormente. Nunca han terminado de hacernos tilín. Las únicas legumbres que nos convencen hasta ahora para una ensalada fría de verano son los garbanzos. Agradecen la compañía de cualquier verdura fresca picada y son los que más acostumbrados estamos a encontrarnos en este tipo de platos en casa de los abuelos. Nosotros le dimos una vuelta al aliño y a la lista de ingredientes buscando un toque oriental, y aunque probablemente la mezcla no tenga ningún sentido en ninguna gastronomía nacional, el conjunto queda riquísimo.

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Huevos rellenos de falso guacamole

En esta casa somos muy de guacamole. No tanto del aguacate porque sí, pero sí del guacamole. Intentamos ser fieles a la receta tradicional, aunque nos cuesta encontrar jalapeños y nos vemos obligados a experimentar con pimientos de Padrón, piparras y pimientos pequeños en general. Como lo comemos a menudo, nos gusta probar de vez en cuando con alguna variación original. Cambiamos el tomate pera por uno kumato; le añadimos mango a la mezcla de pulpa; o variamos las proporciones de los ingredientes básicos.

«Huevos rellenos». Así rezaba la entrada que ocupaba la casilla de un día cualquiera en la pizarra que recoge nuestro plan semanal de comidas. Rellenos, sin más. Como si fueran a rellenarse solos… Poniendo en riesgo la integridad de nuestra salud mental nos vimos obligados a idear un relleno fácil y gustoso con el que completar la ocurrencia. «¿Y por qué no guacamole?» El resultado es muy cremoso y nos permitió huir con soltura de lo que bien podrían haber terminado siendo unos huevos cocidos con atún de lata y mayonesa.

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Torre de aprendizaje

Hace unos días os hablé de algunos de los objetos que, para bien o para mal, nos habían sorprendido durante nuestros primeros años de paternidad / maternidad. Deliberadamente dejé uno aparte para dedicarle una entrada específica: la torre de aprendizaje.

Para bien o para mal debía de sorprendernos también este artilugio cuya existencia desconocíamos hasta hace tan solo unos meses. Con ese nombre tan rimbombante nos referimos en realidad a una versión revisada de una práctica simple y antigua: dejar que los niños se suban a una silla para que puedan alcanzar una altura mayor. Ya sabemos que las propuestas pedagógicas como Montessori son dadas a veces a darle nombres bonitos a todo…

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Sopa de espinacas

No estoy muy convencido de estar haciendo lo correcto al compartir esta receta. Y no porque quiera guardármela para mí; no, no es eso. La primera vez que la improvisé sobre la marcha como una forma nueva de darle salida a la bolsa de espinacas que habíamos comprado para cenar a mamá le encantó. Tengo que reconocer que su criterio culinario parece flojear últimamente, así que no sé si fiarme de sus halagos.

El caso es que pasaron las semanas y mi envejecido cerebro borró por completo la lista de pasos que había seguido para llegar hasta aquel resultado tan aparentemente delicioso. Quería recuperar la receta para guardarla para otra ocasión, así que me animé a hacer un segundo intento, con tan mala suerte de que quedara bastante regular. Hasta donde yo recuerdo seguí más o menos los mismos pasos, y mamá tampoco advirtió diferencias significativas entre una y otra elaboración.

Así pues, aquí os dejo la receta misteriosa. Podéis probarla y me contáis después qué os ha parecido. A lo mejor vosotros descubrís dónde está el punto negro que necesita mejorar para recuperar el éxito original.
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Macarrones integrales con gambones

En casa tenemos varios comodines que utilizamos cuando necesitamos poner en marcha una receta de aprovechamiento para liquidar esos «plingues» que han sobrado de la cena. Empanadillas, croquetas, arroces, pasta… Tenemos dónde elegir. Lo malo es que acabamos convirtiendo la pasta en un recurso de segunda y cuando da la casualidad de que nos sale un plato rico nos cuesta repetirlo más adelante si no partimos del mismo tipo de sobras. Por eso me gusta también de vez en cuando innovar con alguna receta que sí sea reproducible.

Es el caso de este plato de pasta con gambas que os propongo hoy. Lo hice un día por casualidad intentando acabar unos pimientos que empezaban a querer arrugarse en el frigorífico. A mamá le gustó tanto el resultado que tuve que repetir el mejunje unos días después para poder hacerle la foto y registrar aquí la receta. Ya sabéis que de memoria no ando sobrado y, si no apunto aquí mis inventos, dentro de 15 días habrán quedado en un limbo de platos olvidados para desgracia de mamá.

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Croquetas caseras #amimanera

En esta casa no hay receta de croquetas. Se hacen a ojo de buen cubero. Ni siquiera es habitual que programemos el hecho de preparar croquetas. Se hacen cuando sobra cualquier tipo de preparación apta para formar parte del relleno de una croqueta. Es decir, casi cualquier cosa. Las últimas que hemos hecho han sido de gambas, de pollo, zanahoria y cebolla, y de carne guisada. Mi madre las hace de vez en cuando de morcilla, de huevo cocido, o de jamón.

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