Macarrones integrales con gambones

En casa tenemos varios comodines que utilizamos cuando necesitamos poner en marcha una receta de aprovechamiento para liquidar esos «plingues» que han sobrado de la cena. Empanadillas, croquetas, arroces, pasta… Tenemos dónde elegir. Lo malo es que acabamos convirtiendo la pasta en un recurso de segunda y cuando da la casualidad de que nos sale un plato rico nos cuesta repetirlo más adelante si no partimos del mismo tipo de sobras. Por eso me gusta también de vez en cuando innovar con alguna receta que sí sea reproducible.

Es el caso de este plato de pasta con gambas que os propongo hoy. Lo hice un día por casualidad intentando acabar unos pimientos que empezaban a querer arrugarse en el frigorífico. A mamá le gustó tanto el resultado que tuve que repetir el mejunje unos días después para poder hacerle la foto y registrar aquí la receta. Ya sabéis que de memoria no ando sobrado y, si no apunto aquí mis inventos, dentro de 15 días habrán quedado en un limbo de platos olvidados para desgracia de mamá.

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Croquetas caseras #amimanera

En esta casa no hay receta de croquetas. Se hacen a ojo de buen cubero. Ni siquiera es habitual que programemos el hecho de preparar croquetas. Se hacen cuando sobra cualquier tipo de preparación apta para formar parte del relleno de una croqueta. Es decir, casi cualquier cosa. Las últimas que hemos hecho han sido de gambas, de pollo, zanahoria y cebolla, y de carne guisada. Mi madre las hace de vez en cuando de morcilla, de huevo cocido, o de jamón.

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Serviettenknödel, o como se diga

La receta de hoy no es mía. Ea, ya está dicho. Lo que voy a hacer es poco más que traducir la original alemana que utilizamos para cocinar estos típicos Knödel. No la habría publicado si no hubiera sido por abrumadora petición popular —hola, Antonio—, pero ahí queda.

Si habéis viajado un poco más allá de los Pirineos quizá hayáis notado que pocos países europeos son tan amantes del pan como lo somos nosotros. Esa costumbre tan española de bajar a por el pan, esa vuelta a casa con la barra bajo el brazo, son algo tan nuestro como el mismo castellano. En otros lares, en cambio, son más habituales los acompañamientos de patata, los arroces o, como en Alemania, los Knödel.

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Guiso de patatas de legumbre

La cocina del aprovechamiento tiene muchas ventajas. No solo es la forma ideal de evitar el desperdicio de comida, también es una buena manera de optimizar el tiempo que pasamos en la cocina y, por qué no, de ahorrar un dinerillo. Como ejemplo, os propongo hoy un guiso de patatas que nos chifla en esta casa —sobre todo a nuestra mamá patatera, amante del tubérculo en todas sus formas—.

La receta solo tiene una particularidad, y es que como base de cocción partiremos del caldo de varias legumbres que hayamos cocido con anterioridad. Veréis que la salsa resultante es de las de toma pan y moja. A cambio, nos ahorramos tener que comprar un caldo de supermercado que probablemente tenga más sal de la necesaria.

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Huevos con tomate

Como casi todas mis recetas, ésta también llega tarde. Es una de las que utilizamos habitualmente después del verano para ir dando salida a esos últimos tomates maduros que nos llegan de la huerta burgalesa. Es también uno de los platos estrella de mamá y, aunque la elaboración es sencilla y sólo requiere un poco de paciencia y otro poco de delicadeza, el resultado no puede ser más sabroso. ¿Os animáis?

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Bizcochitos otoñales de temporada #amimanera

La calabaza es uno de los productos más agradecidos de la huerta del tío Julio. Se presta a todo lo que le hacemos. Son ya un clásico de las comidas familiares por estas fechas los buñuelos y el bizcocho de calabaza de la abuela. Nosotros en casa somos unos habituales del bizcocho de yogur, así que para esta nueva convocatoria del #amimanera de Madresfera hemos tratado de unir ambas recetas en una sola y darle un toque especial que a nosotros nos ha encantado.

Además, intentamos como siempre que los ingredientes frescos de la receta sean los propios de la temporada en la que estamos, así que nada mejor que combinar la calabaza con otro producto también naranja muy propio del tiempo frío: la mandarina.

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Helado de yogur griego y mango

Lo malo de tener tantas entradas pendientes acumuladas en la lista de borradores es esto: que llega noviembre y te encuentras publicando recetas de helados de frutas de otoño. Prometo, eso sí, que es el último helado que os propongo hasta, por lo menos, el verano que viene.

Después de los helados de plátano con chocolate y del salmorejo experimental con mango de los que os hablé hace unas semanas, hoy os traigo una receta sencilla con la que sacarle más partido a esos últimos mangos maduros antes de que se termine su temporada con la llegada de diciembre. El proceso es muy sencillo pero lleva unas cuantas horas de reposo entre tarea y tarea para completar la elaboración de los yogures y la congelación de los helados. Tenedlo en cuenta si queréis tenerlos listos para un momento determinado.

La lista de la compra

  • 1l de leche entera. Ya que vamos a hacer yogures caseros, tened el detalle de comprar una leche que os guste y, si puede ser fresca, mejor aún.
  • 1 mango maduro.
  • 1 yogur natural, sin azúcar ni zarandajas de colorines. Yogur, yogur.

El camino a la perdición

  1. Empezaremos por hacer yogures naturales caseros. La idea básica consiste en mezclar muy bien el yogur en el litro de leche y dejarlo reposar durante unas cuantas horas con un poco de calor. Eso es lo único que hacen las yogurteras: mantener la temperatura constante durante un montón de horas. Si no tenéis una, seguro que podéis encontrar una forma alternativa. Aquí analiza tres posibilidades El Comidista. Y no me seáis cobardes, que nosotros estuvimos un año haciendo yogures con una cazuela y una nevera de camping antes de que nos regalaran la yogurtera.
  2. Cuantas más horas dejéis los yogures reposando, mayor debería ser la acidez. La lactosa de la leche va siendo metabolizada por las bacterias del yogur y se pierde así poco a poco el dulzor. En cualquier caso, una vez listos los yogures naturales «normales», vamos a dedicarles un rato más para que ganen en cremosidad y podamos considerarlos de tipo griego.

    Preparamos un bol grande y colocamos sobre él un colador. Uno como los que se utilizan para escurrir la pasta vale perfectamente. Encima del colador disponemos un paño fino y que no suelte hebras de ningún tipo. Idealmente sería un paño de los que se utilizan para elaboración de queso y derivados lácteos, pero si tenéis uno que cumpla la descripción puede valer igual.

  3. Volcamos todos los yogures sobre el paño y los dejamos unas 6 horas en el frigorífico. Poco a poco irán perdiendo el suero haciendo que ganen una textura mucho más cremosa. Hay quien añade nata a la mezcla original de la leche para ganar aún más densidad pero no es necesario y nos evitamos un aporte extra de grasa y azúcar.
  4. Una vez listo el yogur de tipo griego, lo rescatamos del paño con una cuchara o una lengua de pastelería y lo pasamos al vaso de la batidora. Añadimos el mango maduro pelado y troceado, y lo batimos todo hasta que quede una mezcla fina y uniforme sin trozos de fruta.
  5. Repartimos el batido entre los moldes de polo y lo metemos al congelador. Pasado un rato tendremos listos unos helados bien ricos de yogur y mango.

El truco final

Probablemente el helado quede más rico usando la técnica de batido habitual que se utiliza para hacer helado casero y que realizan las heladeras por nosotros. O incluso congelando las piezas de mango y batiéndolas con el yogur justo antes de comerlo en lugar de congelarlo una vez líquido en moldes. Sin embargo, congelarlo en forma de polo facilita un poco la cosa a la hora de que un niño pequeño que no se apaña aún bien con según qué cubiertos se pueda comer el helado por sí solo.

Si el mango es grande y lo mezcláis con todos los yogures que salen del litro de leche original, seguramente os sobre algo de batido que no quepa ya en los moldes. Como batido de fruta y yogur está también riquísimo; no hace falta ni que lo congeléis.