Diálogos de besuguines VIII

—Papá, ¿por qué siempre hay un dibujo si todos usamos lo mismo?

Los niños son así; no necesitan mucho más que una frase para dejarnos en fuera de juego. De los clarísimos; de esos para los que nunca nadie reclamó la intervención del VAR. Con esta pregunta a la puerta del baño de un bar quiso profundizar mi hija de entonces 3 años en un debate que nuestra sociedad no quiere terminar de enfrentar.

Ni siquiera hace falta llegar al extremo aún lejano que generalice los aseos unisex —lo que eliminaría de un plumazo, entre otras cosas, esperas ineficientes o la herencia machista anclada a la pared de vuestro baño en forma de cambiador solo para mujeres—. Existe un debate previo menor, conocido quizá tan solo entre los padres y madres que comparten en corresponsabilidad el cuidado de sus hijos: ¿quién lleva al niño y quién a la niña cuando necesitan ir al váter? Cuando él va con ella o ella con él, ¿a qué baño deben entrar?

Hubo hilos que resultaron de una madeja difícil de desmarañar en los que se vertieron opiniones para todos los gustos, como este de @PapaEnGotham. El resultado de su encuesta puede no ser estadísticamente significativo, pero sí deja claro que no para todos es evidente la misma respuesta. Motivos de higiene, pudor o pura costumbre se entremezclan para venir a poner patas arriba nuestra comodidad de adultos independientes cuando tenemos que enfrentarnos a nuestros usos sociales de la mano de una niña.

Poco más pude hacer yo aquel día que darle la razón a mi hija. Me da miedo ver en ella cada día más gestos y actitudes que sugieren que empieza a asimilar que hay lugares diferentes reservados para cada cual en función de lo que tenga o sienta entre las piernas. Mientras tanto, seguiremos trabajando para que le resulte imposible de entender por qué tantas veces encuentra diferencias donde debería haber igualdad.

Salsa anisada de yogur

Hace poco un conocido de mis padres se unió a nosotras durante una comida familiar. Siendo extranjero, imagino que esperaba catar así parte de la gastronomía tradicional burgalesa —o, al menos, española— que habitualmente forma parte de las mesas festivas en nuestro país. Su cara al descubrir el menú que habíamos preparado mamá y yo no podía esconder la sorpresa.

Y es que en esta casa se cocina de todo menos tradicional. O, mejor dicho, se cocina de todo «además de» tradicional. Nos encanta buscar inspiración en la gastronomía del otro extremo del globo y en la del pueblo de al lado, y por eso comer es uno de los incentivos fundamentales que encontramos nosotras en cualquier viaje. De ese recorrido nacen a veces burdas imitaciones, éxitos inesperados y mezclas interesantes que corremos a apuntar para que no caigan en el olvido.

Una de las mezclas que ha habido que repetir una y otra vez es la de esta salsa aromática de yogur. Nos sirve tanto para acompañar unos bhajis de cebolla o unos kibbeh de carne, como de postre original si nos gustan los yogures sin azúcar. Nuestras hijas lo estuvieron reclamando así durante días después de haberlo catado por primera vez en una de nuestras cenas menos ortodoxas.

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