Falsa menestra de calabacín

Falsa menestra de calabacín

Ya he contado alguna vez lo poco aficionada a la cocina que ha sido siempre mi madre. Con todo, y debido fundamentalmente a sus horarios de trabajo fuera de casa, era ella la que asumía siempre el esfuerzo de tener la comida lista. Existía una única excepción: la tortilla, responsabilidad habitual de mi padre, quien nos descubrió —entre otras cosas— una tortilla de cebolla que volvió no hace mucho para inspirarnos.

Mi madre, preocupada cada vez más por la salud y la alimentación, se animó, sin embargo, ya hace unos cuantos años a probar versiones más ligeras de uno de nuestros platos nacionales. Así llegó a nuestro plato de vez en cuando la tortilla de calabacín, prima-hermana de la de patata que sustituía el popular tubérculo por el fruto de la cucurbitácea. El intento era loable, mamá, pero a mí nunca me ha convencido.

Con todo, saqué algo en claro de aquel camino culinario iniciado por ella. Buscando darle una vuelta a su idea original, llegué un día a esta propuesta para cenar uno de los últimos calabacines de la temporada de verano en la huerta del tío Julio. La receta es perfecta para acompañar unos huevos fritos, como plato principal de una cena, o como guarnición. A mamá —la de ahora, no la mía— le encantó. Me apunto aquí la receta; nos vendrá bien, seguro, cuando la explosión anual de calabacines de la temporada que viene nos pille como siempre desprevenidos.

La lista de la compra

  • 1 calabacín de tamaño supermercado, o ⅔ si es más grande como los del tío Julio.
  • 2 patatas pequeñas o 1 mediana.
  • ½ cebolleta.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Especias verdes secas: perejil, ortiga, cebollino…
  • Sal.

El camino a la perdición

  1. Picamos la cebolla relativamente fina. La pasamos a un plato hondo o un bol y la cubrimos con una tapa o papel film apto para microondas con un par de agujeros pinchados. Cocemos la cebolleta en su propia humedad durante 3 minutos a potencia media para que no se quemen las puntas.
  2. Cuando esté lista, pasamos la cebolleta precocinada a una sartén amplia en la que habremos calentado un par de cucharadas de aceite. Dejamos que se vaya pochando poco a poco.
  3. Lavamos las patatas, las pelamos y las cortamos en dados de no más de medio centímetro de lado. Igual que habremos hecho con la cebolleta, las pasamos por el microondas un par de minutos.
  4. Vamos simultaneando los tiempos de microondas con la preparación del resto de ingredientes. Mientras se cuecen las patatas, lavamos también el calabacín y lo picamos con piel en dados del mismo tamaño que aquellas. Una vez estén listas las patatas y picado el calabacín, incorporamos ambos ingredientes a la sartén y subimos un poco el fuego.
  5. Salamos al gusto y condimentamos con una pizca de cada tipo de especia. Aquí combinamos perejil seco con una mezcla de ortiga, caléndula, cebollino y aciano secos.
  6. Vamos salteando las verduras procurando que vayan cogiendo color de manera uniforme. Es preferible utilizar una buena sartén que les permita resbalar para poder saltearlas en condiciones y no tener que removerlas con un utensilio de cocina que convierta la patata y el calabacín en puré.
  7. Cuando veamos que estos dos últimos ingredientes empiezan a tener un tono doradito que nos guste, lo tenemos. ¡Que aproveche!

El truco final

Podéis jugar todo lo que queráis con las especias. Si queréis darle un punto adicional de gracia al revuelto, probad a añadir un poco de chile —o cualquier otro tipo de pimiento picante— fresco picado bien fino. Rico, rico.

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