Vinagreta de arándanos

Vinagreta de arándanos

Pocos eventos y situaciones se me ocurren que puedan dar pie a un mayor número de usos y costumbres tradicionales en una familia que aquello que se pone sobre la mesa compartida en cualquiera de las celebraciones navideñas. En nuestra casa siempre hubo cordero en Nochebuena y sopa en Nochevieja. De un tiempo a esta parte y desde que la pequeña de la familia empezó a dosificar sus visitas transoceánicas a un máximo de dos al año, los acompañan los productos típicos de la gastronomía local y nacional que más echa de menos. Y en medio, una ensalada.

No sé quién fue el primero que propuso la combinación, pero un mézclum de lechugas con queso de cabra y mermelada de arándanos ocupa desde entonces cada Navidad un lugar central sobre el mantel. Y es que añadirle un toque dulce a —casi— cualquier ensalada es a menudo garantía de éxito: fruta, cebolla cruda o cocinada, verduras con un punto dulce como el tomate, el pimiento o la zanahoria, pasas… Todo vale.

Con estos precedentes, y buscando siempre la forma de darle una vuelta a nuestras recetas, se nos ocurrió un día probar una alternativa más saludable a las cucharadas de mermelada industrial con que endulzan la ensalada navideña los abuelos. El resultado, un aliño facilísimo de preparar que le viene como anillo al dedo a multitud de preparaciones.

La lista de la compra

  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra.
  • 90 g de arándanos deshidratados sin azúcar añadida. Hemos sido incapaces de encontrarlos envasados; todos los que vemos en supermercado llevan azúcar, a pesar de que el arándano ya es de por sí suficientemente dulce. ¿Será para contrarrestar su toque ácido? El caso es que los compramos en una tienda de venta a granel que nos encanta y que ofrece varios tipos de fruta desecada sin más zarandajas.
  • 3 cucharadas de vinagre de arroz o vinagre de Jerez (u otro cualquiera que os guste y que no resulte demasiado fuerte o ácido).

El camino a la perdición

  1. Ponemos los arándanos en el vaso de la batidora e incorporamos 2 de las cucharadas de vinagre y la mitad del aceite.
  2. Dejamos que los arándanos se rehidraten durante media hora para que estén más blandos antes del último paso.
  3. Batimos despacio con la batidora de mano mientras añadimos en un hilo poco a poco el resto del aceite, con el mismo movimiento ascendente y descendente que realizamos para completar una mayonesa casera. Cuando el aceite haya emulsionado, lo tenemos listo. Rectificamos la acidez con la tercera cucharada de vinagre si hace falta, y a comer.

El truco final

Si no servimos la vinagreta inmediatamente, el aceite probablemente pierda el punto y nos quede una salsa algo aceitosa. No pasa nada, podemos seguir utilizándolo como aliño perfectamente. Los arándanos habrán tomado la consistencia de una mermelada pastosa con un guiño ácido delicioso, que es lo que buscábamos.

 

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