A mí no

En una vida que ya me parece imposible, antes de nuestra primera hija, era habitual que mamá y yo cenáramos los viernes en casa de los —ahora— abuelos maternos. No sé muy bien por qué, también la televisión formaba parte del convite. Y digo que no sé muy bien por qué porque nunca fueron una familia de comer con la tele cuando mamá y el tío eran pequeños. Sea como fuere, eran viernes de «Hermano mayor» en Cuatro, y tampoco faltaban a la mesa los comentarios clásicos que uno puede esperar ante un panorama como el que presentaba el programa.

Afortunadamente, entre el repertorio de tópicos nunca habitó el de la torta a tiempo. Sin embargo, sí desprendían nuestros argumentos a buen seguro un cierto tufillo a condescendiente superioridad. «Eso a mí no me pasaría»; «eso es que no lo han parado a tiempo»; «eso es que siempre le han dado lo que quería»…

Quiero creer que el retrato amarillista que pintaba el programa es un extremo al que resulta difícil llegar. Sin embargo, no puedo evitar reflexionar acerca de cuánto depende de nosotros esquivar un camino así en la juventud de nuestros hijos. ¿Quién nos asegura que las nuestras no terminarán envueltas en un entorno dañino que las conduzca a esa espiral de destrucción y autodestrucción? ¿Quién nos garantiza que vayan a dar sus frutos las decisiones que tomamos hoy en aras de una educación que haga de ellas personas íntegras, responsables, respetuosas…?

Nadie.

Porque los cambios no siempre son repentinos y radicales. Las relaciones se erosionan despacio como los paisajes; las actitudes evolucionan sutilmente. Quizá aquellos padres desesperados no quisieron darse cuenta; a lo mejor no supieron. Lo único claro es que para cuando trataron de reaccionar, era ya demasiado tarde.

Intentamos como padres hacer las cosas lo mejor posible, pero nos equivocamos. Arrastramos taras y mochilas con nosotros de las que no sabemos deshacernos. Erramos en el diagnóstico y en el tratamiento. Creemos estar ofreciendo a nuestras hijas un ejemplo de paciencia y respeto, pero cada día se nos escapa algún exabrupto cansado; cada semana perdemos sin querer los papeles…

Nuestros hijos lo son también de su propia personalidad, en cuya forja interviene, además, un entorno que a menudo escapa por completo a nuestro control. Las palabras malsonantes que se nos caen de la boca si vivíamos acostumbrados a jurar y perjurar son parte de ese entorno. Como lo es ese inocente compañero de escuela infantil que con sus 2 tiernos años ya defiende lo que considera suyo con uñas y dientes y a golpe de manotazo. «¿Por qué grita ese niño, mamá?» o «¿qué dice ese papá?» nos pregunta ella cuando somos testigos involuntarios de una pelea familiar fuera de casa.

Y de pronto un día tu bebé adorable apostilla sus enfados con un «tonto» que te haría gracia si no fuera porque no sabes cómo responder a ese adjetivo que te dirige ahora tu hija con tanta ira como desconocimiento. Y escuchas desde la cocina como mamá le insiste en el salón en que no le gusta que la peguen. Porque aunque nunca le haya puesto la mano encima, a ella la pega. Y a su hermana de meses le arranca los juguetes de la mano. Y empieza a ser ella la niña que empuja a los demás en el cole.

Sin comerlo ni beberlo te encuentras en un nuevo escenario imprevisto y no tienes ni la menor idea de en qué momento tomaste el camino equivocado. «¿Lo podríamos haber hecho mejor?». Ni siquiera sabes si habría estado en tu mano evitar esos arranques. Te consuela pensar que son solo ocasionales, pero te preocupa no saber cómo darles respuesta. Lo tienes delante y entiendes ahora qué difícil es salir. Y solo tiene 3 años. ¿Qué pasará cuando tenga 16?

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8 comentarios en “A mí no”

  1. Esto podría haberlo escrito yo tal cual porque es exactamente lo que pienso cada día. Cada tonto. Cada manotazo. Ánimo, amigos. Os entiendo mucho.

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  2. Tras leer esta reflexión me he sentido un poco menos sola porque mi hijo, que aún no cumple los 2 años, ha tomado la costumbre de “pegarme” cuando se enfada conmigo. Es algo que me hace sentir muy mal y en más de una ocasión he perdido los nervios, teniendo que irme y dejarle a cargo de su padre durante un rato. Quiero pensar que es parte del proceso natural de gestión de las emociones pero no puedo evitar preguntarme si no estaré haciendo algo mal. Soy una persona bastante temperamental y en este poco tiempo me temo que me ha visto en más de un momento muy emocional. ¿Estará reflejando la forma de actuar de mamá? Jamás le hemos puesto la mano encima pero quizás la energía le lleva a comportarse de ese modo. O no… Ojalá hubiera respuestas para estas dudas que tenemos.

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    1. Describes exactamente mis sentimientos y sensaciones al respecto. Comentaba Paula en otro comentario que son comportamientos normales, parte imprescindible del desarrollo de su capacidad de gestión de las emociones… Ojalá sea así. Nunca sabremos qué parte hemos jugado nosotros de verdad en ese camino. Solo nos queda intentar respirar hondo y tratar de recordar siempre que son niños.

      Pero no, no estás sola 😉

      ¡Muchas gracias por tu aportación y tu tiempo!

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  3. Pues ….Bienvenido al club de los agonías!!! !:D
    El otro día leía , no recuerdo donde , sobre la carrera de ser padres perfectos, así que compartir estos miedos e inseguridades que todos tenemos creo que es muy bueno , así nos vamos ayudando.

    Hablo del tema del maltrato porque lo he podido vivir en primera persona. En mi caso no ha sido físico pero sí psicológico, insultos y abandono total. También, uno de mis tíos es muy violento tipo hermano mayor, y lo ha sido con sus padres, mujer,con cualquier persona, estoy convencida que es por la violencia con la que a él le trataron.

    Es cierto que no puede caer toda la responsabilidad en las familias, sería injusto, Pero cuando veo estos casos siempre pienso en el maltrato , sin embargo yo no me he comportado como mis padres, todo lo contrario.
    Por otro lado, si lo haremos bien o no? el tiempo lo dirá, pero como bien dices , asumir los errores , yo creo que es el primer paso de cualquier aprendizaje.Pedir perdón, cuando hay que pedirlo y amarles en todo momento, por desbordados que estemos, creo que en el futuro nos recompensará. A lo mejor peco de ilusa, pero hay un refrán que dice que ” recogemos lo que sembramos” y creo que tiene razón.

    Bueno, que no me enrollo más!!!
    Gracias a ti por compartir estos pensamientos que todos tenemos!!!

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  4. Hola !!! Pero yo veo ese comportamiento normal, están aprendiendo a gestionar sus emociones y supongo que con una hermana pequeña , le será más difícil . Mi hija con tres años y medio también me pega a mí cuando se desborda, cierto es que hablando con ella conseguimos que no sean muy frecuentes, además que los meses juegan a nuestro favor por su madurez. No es lo mismo su comportamiento ahora que hace cinco meses, ahí el desborde era total y cada vez que me pegaba porque nos marchábamos del parque se me hacía un nudo en la garganta y no podía ni hablar , cuando ya se calmaba , le abrazaba y ella me decía que es lo que le había molestado.

    Ya me gustaría a mí saber de algún caso del programa de hermano mayor, como habrán tratado a esos adolescentes y ya no tan adolescentes en su infancia. En ese programa tratan el problema que hay en ese momento , pero no van mucho hacia el pasado.
    Es cierto que no sabemos qué será de nosotros en un futuro, al igual que esos padres, es cierto que no somos perfectos y tampoco podemos saber con qué personas se relacionarán, pero creo que nosotros tenemos una ventaja, y es la información a la que tenemos acceso ahora, las experiencias compartidas y diría también, un interés por hacer de este un mundo mejor para nuestros hijos.
    Cuánto maltrato infantil existe, esos niños se hacen mayores y luego pagan con la misma moneda , ya sea a sus futuros hijos como a sus padres ya mayores.

    Un abrazo!!!

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    1. Supongo que tienes razón, Paula. No creo que nos parezcamos en nada a la mayor parte de los padres que aparecían en ese tipo de programas, desde luego, pero aunque me gustaría ver por un agujerito cómo había sido su relación familiar durante los 15 o 20 años anteriores, siempre me quedará la duda de cuánta parte de la responsabilidad es suya.

      El tema del entorno siempre nos da miedo. Intentamos darles a nuestras hijas las herramientas adecuadas para desarrollar una personalidad fuerte y crítica, pero es imposible saber si lo estamos haciendo de la manera adecuada y si no llegará un tercero que se lo llevará todo por delante. Supongo que los niños aprenden a pegar por instinto en cierto modo, por ejemplo, pero no así los insultos que se trae del cole desde que empezó la escuela.

      En fin, que soy un agonías, ya lo sabes. A veces es necesario descargar un poco de presión autoimpuesta, desahogar miedos y asumir errores 🙂

      ¡Gracias como siempre por tu tiempo!

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