Niña con la cara pegada a un cristal

Había una vez una familia

Había una vez una familia. Podríamos decir que constituía la familia prototípica de españolitos de bien. Papá y mamá trabajaban duro para poder pagar la guardería privada de su hija de 2 años. Fijaos si trabajaban duro que, además, habían recurrido a los servicios de una mujer nicaragüense para que se ocupara de la niña durante el día, la llevara a la escuela, la recogiera y le diera de comer.

Aquella mujer nicaragüense trabajaba en aquella casa madrileña desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde, hora en la que por fin papá y mamá podían disfrutar de su hija antes de acostarla. Todos estaban de acuerdo en que era una suerte que aquella mujer nicaragüense no tuviera hijos propios de los que ocuparse. Salvo por ese niño de 7 años que la esperaba en Nicaragua. Pero de aquel niño no iba este cuento.

Había una vez una familia que vivía en un mundo de locos.

Ahora, decidme, ¿de verdad nadie ve nada malditamente retorcido en el modelo que hemos elegido como sociedad para ser padres? Porque el cuento no es tal; es la historia real de una familia de carne y hueso. Una familia que trabaja para malpagar los cuidados de su propia hija a una mujer que malvive desviviéndose para hacer llegar algo de dinero con que sostener la precaria economía de su propia familia allende el Atlántico. Dos familias en dos extremos opuestos de la pirámide neoliberal. Dos familias que ni ven ni crían a sus hijos. ¿Cuándo nos volvimos así de locos?

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6 comentarios en “Había una vez una familia”

  1. Totalmente de acuerdo. Yo también he reflexionado sobre este tema, sobre todo cuando veo a gente que tiene niños y enseguida los llevan a guarderías o pagan a mujeres para que los cuiden. Si no hay más opción pues vale, ya que hay gente que vive muy atada a tantoo pago, pero los hay que se pueden ajustar y no quieren. Es como si la crianza no se valorase. Producir es lo único que tiene valor en este mundo.
    A mí me han llegado a decir, “trabajar hay que trabajar”.

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    1. Paula, no creo que sea «como si la crianza no se valorase», es que directamente no se valora 😉 Nuestra sociedad da prioridad de forma generalizada a la producción fuera de casa. Todo lo que pasa de puertas para adentro, se da por sentado, se obvia, se menosprecia…

      Entiendo que no todo el mundo quiera dedicar su tiempo primero a su familia antes que a su trabajo (aunque no lo comparta), pero me sorprende que lo hagamos como sociedad de forma tan mayoritaria y, sobre todo, tan convencida de que «es lo que hay que hacer» y no hay otra salida.

      Muchas gracias por leerme, Paula, pero sobre todo por reflexionar y saber encontrar esa otra salida que para muchos parece invisible. ¡Disfruta!

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  2. Totalmente de acuerdo.Yo me quedé sin trabajo cuando me quedé embarazada,ahora mi peque tiene 30 meses y me está costando mucho trabajo encontrar algo de mefia jornada.He rechazado ofertas porque me impedian seguir criando a mi hija.Para mi es mi prioridad absoluta.El papá trabaja y vamos muy justos de dinero,pero nos apretamos y nos quitamos de cosas para poder seguir criandola.Me niego a verla 2 horas al dia y que la eduquen y crien otros.Ella necesita a sus padres,no necesita cosas materiales,Y que futuro la voy a dar??pues uno lleno de amor,igual que el presente.

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    1. Claro, no siempre se puede hacer algo radical. No todo el mundo puede permitirse salir adelante con un único trabajo, o con una excedencia o con una reducción a media jornada. Pero muchos preferimos seguir en la rueda del trabajo y la producción porque es más cómodo, porque es «lo que hay que hacer», sin pararnos a pensar en todo lo que nos estamos perdiendo en casa o en si tiene sentido que lo que ganamos lo usemos para pagar a un tercero para que asuma la que debía haber sido nuestra responsabilidad: criar a nuestros hijos.

      Mucha suerte con la búsqueda y que disfrutéis mucho de esa niña vuestra ahora que podéis.

      ¡Gracias por tu aportación!

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  3. Ni te imaginas la cantidad de veces que he pensado exactamente eso. Y al final lo más sorprendente de todo: trabajamos para pagar y pagar y pagar y pagar; renunciando incluso a eso, a los hijos, solo por seguir pagando muchas veces cosas que ni necesitamos. Otras, cosas que no deberían costar lo que cuestan, como la casa. Anoche viendo los precios de los alquileres del barrio solo tenía ganas de llorar. ¿Vamos a seguir manteniendo esto? Pues se ve que sí, que esto es lo que hay. Tengo la esperanza en que algo cambie, en que podamos hacer algo más allá de quejarnos. No sé. Es terrible.

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    1. Da la impresión de que tenemos tanto miedo al futuro que nos olvidamos de vivir el presente. Y sí, habrá gente que haga carrera y llegue a lo más alto de lo que quiera que le guste hacer, pero para una amplia mayoría no hay más horizonte que seguir dedicando tu vida a un trabajo que solo te dará lo justo para ir atravesando los años. Y cuando ese «lo justo» nos concede un pequeño margen, no estaría de más que lo utilizáramos para detenernos un poco a ver cuáles son nuestras prioridades. Mucha gente no se plantea trabajar menos simplemente porque le parece inconcebible, raro, innecesario…, pero no porque no se lo puedan permitir. Si criar a nuestros hijos es algo de lo que nos gustaría prescindir, ¿entonces para qué los tenemos? Ay, qué complicada es la vida…

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