Papá y mamá porteando con abrigo de porteo y cobertor

Porteamos; los complementos

Así como la compra de una silla de paseo puede llevar aparejada la adquisición de un bolso a juego, unos guantes de paseo para el frío, una burbuja para la lluvia o un saco, también el mercado del porteo ofrece algunos complementos más o menos interesantes para hacer más versátil o más apañada la experiencia. Nosotros hemos probado algunos. Esto es lo que nos han parecido.

Abrigo de porteo

Conseguir un buen abrigo de porteo en Madrid no fue tarea fácil. Teniendo en cuenta lo mal que se lleva mamá con el frío últimamente, necesitábamos uno particularmente abrigado, lo que eliminaba de un plumazo todas esas chaquetas y cazadoras de porteo que constituyen la mayor parte de la oferta de abrigo de que disponen muchas tiendas. Además, puestos a hacer una inversión así, queríamos un abrigo ponible y bonito y que, preferiblemente, mamá pudiera seguir utilizando cuando no porteara.

Todos esos requisitos hicieron que termináramos comprando el abrigo en una tienda online después de habernos recorrido buena parte de los establecimientos de crianza y porteo que encontramos en Madrid capital y alrededores. Los Reyes Magos le regalaron a mamá un estupendo Liliputi®. Y qué contentos estamos con la compra…

Nuestro abrigo permite incluso el porteo a la espalda
Nuestro abrigo permite incluso el porteo a la espalda

Más allá de si el diseño del abrigo gusta o no, lo cierto es que es muy muy calentito —demasiado incluso para lo que vienen siendo los últimos inviernos madrileños—. Tiene multitud de bolsillos maravillosamente integrados en el cuerpo del abrigo, una capucha generosa y, lo que es más importante, una pieza removible que permite extender el perímetro de la prenda para albergar en su interior a un bebé grandecito. Cuando mamá no portea, se retira la pieza y se dobla y guarda cómodamente en cualquier hueco de la mochila.

El abrigo permite también portear a la espalda y cuenta para ello con una abertura con cremallera por la que el bebé puede asomar la cabecita. La estampa en ese caso es particularmente simpática, si bien es una opción menos práctica y probablemente imposible de llevar a cabo sin la ayuda de un tercero.

Aunque cada vez hay más opciones disponibles y algunas de ellas podrían considerarse incluso unisex, seguramente, lo cierto es que nunca me he planteado hacerme con una cazadora o abrigo de porteo yo mismo. Son pocos los modelos dirigidos a los papás y, en cualquier caso, nunca me han llamado la atención. Porteando bebés me he venido apañando todos los inviernos con un polar y un abrigo viejo que me sientan más bien grandes —con el polar podía incluso abrocharme la cremallera hasta arriba por encima del bebé—, y en cuanto el frío afloja hacía gala de mi sangre burgalesa para salir pertrechado con una chaqueta por encima del fular y poco más.

En cualquier caso, el abrigo de mamá nos ha venido —y nos sigue viniendo— de perlas en muchísimas ocasiones, y si encontráis un modelo así de versátil y de vuestro gusto, es una compra más que justificada para quien portea de forma habitual en un clima como el nuestro.

Cobertores

Cuando nuestra hija mayor alcanzó una altura suficiente, decidimos dar el paso al porteo en mochila a la espalda. Coincidió el cambio con parte del invierno, por lo que el abrigo de porteo o mi solución de andar por casa exigían algún tipo de complemento que nos permitiera abrigar a nuestra gusanita en su nueva posición.

En aquel momento nos hicimos con un cobertor artesanal que una mamá vendía a través de su página de Facebook. Tiene un interior de borreguillo extremadamente suave y un recubrimiento exterior de tacto más plástico que lo hace impermeable. Llevando a la niña delante, el cobertor nos permitía, además, abrigarnos las manos en un bolsillo calentito y suave de los que dan gustirrinín. Llevándola indistintamente delante o detrás, debería haber permitido también cubrir la cabeza con el gorro que incorpora, pero su diseño no es del todo óptimo y es difícil mantenérselo puesto en condiciones.

Nuestro primer cobertor para porteo en mochila era de lo más abrigado
Nuestro primer cobertor de porteo, abrigado e impermeable

A pesar de que le hemos dado un uso relativo, siempre hemos encontrado varias pegas a los cobertores. En primer lugar, hay que cogerles muy bien el truco para poder colocarlos correctamente uno solo a la espalda. En segundo lugar, y dependiendo del tipo de materiales con que se hayan confeccionado, es posible que el cobertor sea algo aparatoso como para llevarlo encima todo el día si no contamos con mucho espacio en la mochila. En ese aspecto el abrigo de porteo gana claramente.

Con nuestra segunda hija hemos probado otro cobertor diferente, esta vez de un tejido polar mucho más flexible y menos voluminoso. Además, mientras el anterior solo podía acoplarse correctamente sobre las asas de una mochila, esta segunda versión se coloca directamente sobre los brazos y hombros del porteador, por lo que resulta mucho más versátil y permite aprovecharlo también durante el tiempo que porteemos en fular.

En general diría que un buen abrigo de porteo puede hacer innecesaria la compra de un cobertor. Quizá dependa un poco del tipo de clima en que vivamos y de cómo coincidan las diferentes etapas del porteo con las estaciones del año. Hay quien prefiere abrigar más al niño y llevarlo directamente en la mochila con el abrigo o el buzo que llevaría si fuera andando por la calle. Nosotros preferimos dejarlo un poco menos embutido y taparlo más exteriormente. En ese caso, durante las épocas de frío menos intenso, un cobertor puede ser un buen complemento si nuestro abrigo de porteo es excesivamente caluroso y preferimos llevar una chaqueta más ligera sin que por ello se vaya a enfriar el polluelo.

Estribos

Como ya conté en la primera parte de esta serie dedicada a nuestra experiencia de porteo, nuestra primera mochila venía equipada con un par de estribos removibles para que la niña apoyara los pies en lugar de llevarlos colgando. La verdad es que nunca pusimos mucho empeño en probarlos, pero en las escasas ocasiones en que lo hicimos, ella prefirió siempre colgar libre que utilizar los reposapiés.

Nunca he visto niños porteados que apoyaran los pies en este tipo de sujeciones. Y me fijo siempre mucho cuando veo padres y madres porteando. Quizá para niños grandes a los que la mochila se les haya quedado pequeña puedan tener algo de utilidad para evitar que la corva quede demasiado suelta por debajo del límite del panel. En nuestro caso, desde luego, bien podía Boba habérselos ahorrado.

 

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