Porteamos; la etapa bebé

Porteamos; la etapa bebé

Igual que al colecho, al porteo llegamos de la forma más natural. Llevar a nuestras hijas bien cerca de nosotros era lo que nos pedía el cuerpo. A eso se sumó el hecho de que ninguna de las dos haya aguantado nunca mucho tiempo a gusto en el carro, así que las distintas formas de porteo —siempre ergonómico, por favor— se convirtieron pronto en la única solución de desplazamiento que nos evitaba a todos dolores de cabeza.

Con el tiempo todas hemos sabido adaptarnos a las necesidades familiares de cada momento, y pasados un par de años supimos llegar a un compromiso razonable en el uso de la silla de paseo y la mochila de porteo. También nosotros como padres aprendimos que una y otra tienen sus ventajas, y somos de la opinión de que salimos ganando si aprovechamos lo mejor de cada sistema en lugar de aferrarnos de forma tozuda a una única alternativa.

Mientras nuestra hija mayor fue bebé probamos varios sistemas portabebé buscando la opción ideal para cada momento del año y cada etapa de su desarrollo. Estas son todas las fases que recorrimos con ella:

1. El fular elástico

Una aparatosa silla de paseo con capazo y Maxi-Cosi® hizo su aparición en casa mucho antes de que hubiera quien pudiera ocuparla. El cuerpo, por su parte, no nos pedía pasear semejante trasto con un bebé encajado dentro, así que iniciamos la búsqueda de alternativas. Mamá guardaba en su retina el recuerdo de las mochilas de porteo que habíamos conocido en Alemania tiempo antes de que empezaran a extenderse por España, y una casualidad tras otra dieron con nuestros huesos en un taller de porteo de El último koala. Íbamos ya bien encaminados, pero allí nos quedó claro que fuera cual fuera nuestra solución de porteo, debía ser ergonómica.

Después de probar varios tipos de soportes nos costó decidir, pero acabamos saliendo de allí con un flamante fular elástico de la marca ErgoBaby. Durante los cuatro meses siguientes nos sirvió para llevar a nuestra bebé bien pegadita a nosotros, y allí acurrucada durmió numerosas siestas dentro y fuera de casa. Solo el calor conseguiría que aparcáramos temporalmente aquella larga tela en busca de un sistema menos abrigado.

Durmiendo la siesta en el fular elástico
En casa o en la calle, el fular era infalible a la hora de la siesta

Lo que más nos gusta del fular elástico

  • La sensación: aunque seguramente sea una exageración ilusa, recuerdo cómo le decía a mamá que, para mí, aquello era lo máximo que podía acercarme a sentir los movimientos del bebé durante el embarazo. Esos diminúsculos empujones que propina el bebé contra tu pecho o tu barriga mientras culebrea en el fular son una sensación inigualable.
Las sensaciones del fular elástico son inigualables
El fular elástico, también conocido como «morir de amor»
  • La ergonomía: cuando dimos el paso hacia nuestra primera mochila, nos dimos cuenta de que nos resultaba bastante más complicado convencer a nuestra hija de que adoptara esa postura de ranita en ‘C’ propia de toda buena solución de porteo ergonómico. En un fular bien anudado el bebé «cae» en esa postura de forma natural, con su culete bien envuelto colgando redondeado más abajo de las rodillas.
  • La comodidad: una vez aprendes a colocar el fular correctamente sin hacer un cristo arrebujado de la tela, esta reparte el peso del niño de manera muy uniforme a lo largo y ancho de todo tu cuerpo, desde los hombros hasta la cadera pasando por toda la espalda. Hay que acostumbrarse a llevar tanto peso encima, está claro, pero este sistema es mucho más progresivo que el que ofrecen las mochilas pensadas para empezar desde los 0 meses.
El fular elástico fue nuestra primera herramienta preferente a la hora de salir de excursión
El fular elástico fue nuestra primera herramienta preferente a la hora de salir de excursión
  • La suavidad: el tacto del fular elástico es mucho más agradable que el de otro tipo de fulares o soluciones intermedias, no digamos ya que el de las mochilas. Imagino que para el bebé también debe de ser un tipo de contacto menos agresivo.
  • El calorcito: un fular elástico tan largo y ancho como el nuestro termina siempre envolviendo tu cuerpo y el del bebé en unas cuantas vueltas de tela. Si el tiempo no es particularmente extremo, es fácil que esa cantidad de abrigo sea más que suficiente para un día fresco de invierno, haciendo innecesario complementar el fular con accesorios como un cobertor.

Lo que menos nos gusta del fular elástico

  • La aparatosidad: aunque los hay más estrechos y cortos, el nuestro es particularmente largo y ancho, lo que hace que sea prácticamente imposible ponérselo o quitárselo sin arrastrar la tela por el suelo. No hace falta ser muy maniático de la limpieza para que no te guste ensuciar así por la calle una tela que vas a restregar después por la cara de tu bebé, quien, para colmo, es probable que decida probar su sabor de vez en cuando.
  • El calorazo: lo que en invierno es una ventaja se convierte en verano en uno de los principales puntos débiles del fular. Tras apenas cuatro meses de uso y cuando aún podrían habernos quedado otros pocos de porteo en fular, tuvimos que dar un salto apresurado a la mochila. Salir a la calle en un Madrid veraniego envuelto en un par de vueltas de tela firme por encima de tu ropa no es una idea muy halagüeña. Pronto nos dimos cuenta de que semejante calorina no era buena ni para nuestra propia comodidad ni para la piel atópica de nuestra hija. Hay nudos más «frescos», eso sí, pero apenas nos sirvieron durante unas semanas ante las apreturas de un verano que se empeñaba en instalarse en la ciudad en cuanto mayo asomó la cabeza.
Existen nudos más frescos que otros, pero el fular elástico es un portabebés abrigado
Existen nudos más frescos que otros, pero el fular elástico es un portabebés abrigado

2. El fular tejido

Mamá se quedó con las ganas de probar uno con nuestra hija mayor, así que cuando una de las familias de nuestra tribu madrileña nos ofreció prestarnos el suyo para este segundo recorrido por el camino del porteo, no nos lo pensamos dos veces. Con una sensación bastante parecida a la del elástico, el fular tejido supera alguna de las pegas que encontramos en aquel, así que con ambos tenemos una gama de herramientas insuperable para el porteo de nuestra nueva bebé.

El nudo básico del fular tejido es tremendamente fácil
El nudo básico del fular tejido es tremendamente fácil

Lo que más nos gusta del fular tejido

  • La primera puesta: es mucho más fácil de colocar que su hermano elástico. El que nos han dejado es más estrecho y corto que el nuestro, por lo que no resulta tan aparatoso a la hora de ponérselo desde cero. El tipo de nudo básico, además, es algo más sencillo.
  • La sujeción: el fular elástico va perdiendo rigidez a medida que lo utilizamos. Por eso, cuando el bebé empieza a ser grande, conviene atarlo con más fuerza para evitar un efecto muelle que puede resultar bastante incómodo al caminar. El fular tejido, en cambio, mantiene al bebé fijo pese lo que pese, por lo que podemos quizá estirar su uso durante un tiempo algo más largo sin perder comodidad.

Lo que menos nos gusta del fular tejido

  • El subibaja: la principal pega frente al elástico la constituye el hecho de que sea prácticamente imposible sacar y meter a la niña del fular sin tener que deshacer el nudo. Quizá haya otras formas de anudarlo más versátiles, pero la básica que utilizamos nosotros no lo permite. Eso nos hace inclinarnos más hacia el elástico si vamos a portear por la calle largo rato, para evitar tener que deshacer el nudo completo si tenemos que sacar a la niña del portabebés en la calle.

3. La bandolera de anillas

Mamá la utilizó mucho en casa para sobrevivir durante los meses que pasó sola con aquella bebé tan demandante de contacto físico. Yo nunca me he apañado. Si te haces con ella, puede ser un buen complemento para un subibaja frecuente, pero en ningún caso la opción única de porteo habitual.

Lo que más nos gusta de la bandolera de anillas

  • El preanudado: así como sentíamos que necesitábamos que nos enseñaran a ponernos y anudar el fular, con la bandolera mamá siguió un proceso de autoaprendizaje bastante inmediato a partir de vídeos, tutoriales y su propia intuición. Una vez la tela está bien colocada entre las anillas, su puesta es mucho más inmediata que la del fular.
Una vez le coges el truco, la bandolera se coloca mucho más rápido que el fular
Una vez le coges el truco, la bandolera se coloca mucho más rápido que el fular
  • Ligereza y frescura: la bandolera consta de un trozo de tela mucho más reducido que el de nuestro fular. Bien recogida era una compañera habitual en el bolso o en la mochila cuando salíamos de excursión. No pesa nada y ocupa poco. Al ser también menos la tela que envuelve nuestro cuerpo, es también una solución más fresca para porteador y porteado, por lo que fue la primera alternativa que encontramos antes de dar el salto definitivo a la mochila.

Lo que menos nos gusta de la bandolera de anillas

  • El reparto del peso: cualquier tipo de bandolera apoya todo el peso sobre una única diagonal de nuestro tronco. La mayor parte recae en tan solo un hombro, por lo que no es este el sistema más aconsejable para portear a niños grandes o durante mucho tiempo seguido. Es cierto que permite alternar la posición del niño y desplazarlo más hacia la cadera como punto de apoyo extra, pero eso no evita que sea siempre la misma zona de nuestro cuerpo la que se resiente.
bandolera-anillas-1
La bandolera de anillas también admite varias posturas de porteo
  • La puesta en marcha: quizá sea problema mío por ser tan soberanamente torpe, pero nunca he sido capaz de ponerme la bandolera y colocar al bebé correctamente sin ayuda. Me cuesta mucho dar forma a esa bolsa que debe envolver el culete sin atrapar las piernas y a menudo termino dejando las anillas demasiado cerca de su cara o clavadas sin piedad sobre mi clavícula. No hay manera.

4. Nuestra primera mochila

Con un bebé de 4 meses y treinta grados generosos en la calle, nos vimos obligados a buscar una solución menos agobiante que el fular para todas las partes. Acudimos a una tienda especializada y, después de probar varios modelos, nos decidimos por una mochila Boba 4G con adaptador. Las primeras semanas fueron difíciles. A nuestra bebé no terminaba de gustarle ir sentada sobre aquella almohadilla y no tardamos en desecharla en cuanto vimos que el panel se adaptaba bien a la distancia entre sus corvas.

Una vez todos quedamos satisfechos con la nueva configuración, aquella mochila se convirtió en nuestra compañera inseparable de fatigas. Sin lugar a dudas ha sido el sistema de porteo al que más partido hemos sacado hasta ahora, y nos ha salvado el sueño y la vida en innumerables ocasiones. Su tela descolorida por el uso da buena fe del trote al que la hemos sometido.

Hacernos con una Boba fue todo un acierto para introducirnos en el porteo en mochila ergonómica
Hacernos con una Boba fue todo un acierto para introducirnos en el porteo en mochila ergonómica

Lo que más nos gusta de la mochila Boba 4G

  • El ajuste: en general, cualquier mochila de porteo resulta más fácil de colocar que las alternativas más flexibles como fulares y bandoleras. Por eso, una de las características diferenciales entre muchas de ellas es la facilidad con la que se pueden ajustar las correas. Esto se torna particularmente crítico cuando varios porteadores de distinta envergadura comparten la misma mochila, como es nuestro caso. La forma en que están dispuestas las hebillas y pasadores en la 4G hace que el ajuste sea inmediato, permitiendo tirar de las cintas en el sentido más natural y ergonómico. Además, el cierre de la parte superior que une ambas asas por detrás del cuello y los hombros puede desplazarse generosamente hacia arriba y hacia abajo para que no moleste sobre la cerviz, sea uno más alto o más bajo.
Ajustar una mochila bien diseñada como la Boba es cuestión de segundos
Ajustar una mochila bien diseñada como la Boba es cuestión de segundos

Lo que menos nos gusta de la mochila Boba 4G

Todas las mochilas comparten ciertas características que las ponen en desventaja frente a, por ejemplo, un fular en determinadas ocasiones. Son inevitablemente más rígidas y, salvo algunas de las nuevas versiones air —que tienen sus propias pegas— ocupan más a la hora de plegarlas y llevarlas en el bolso o la maleta. Hay que asumirlo cuando nos hacemos con una; es así. Sin embargo, sí hay ciertos aspectos propios de la 4G que nos parecieron mejorables:

  • El adaptador para bebés: durante un tiempo hizo que estuviéramos a punto de arrepentirnos de haber hecho la compra. Era evidente que nuestra hija no iba cómoda sentada sobre ese pequeño elevador y la postura parecía mucho más forzada que la que tan fácilmente adoptaba en el fular. Durante semanas fuimos alternando la mochila con la bandolera y un fular atado en nudos menos calurosos, hasta que poco a poco todos fuimos acostumbrándonos y pronto dejamos de lado el adaptador.
  • La capucha: es posible que estiráramos el uso de la 4G más tiempo del estrictamente necesario, pero ya un tiempo antes de sustituirla por una mochila toddler sentíamos que la capucha se quedaba corta para sujetar la cabeza de la niña en según qué posiciones.
En según qué posturas, la capucha de la Boba es insuficiente para sujetar la cabeza del bebé
En según qué posturas, la capucha de la Boba es insuficiente para sujetar la cabeza del bebé
  • Los estribos: este modelo de Boba incluye un par de estribos removibles de tela para que los niños más grandes puedan apoyar los pies. A nuestra hija nunca le apeteció utilizarlos; prefiere ir columpiando los pies libremente. Si lo pienso, de hecho, no recuerdo haber visto nunca a nadie porteando con mochila a un niño que llevara los pies colocados en estribos así.  Quizá habría sido más útil incluir mordedores para las correas, por ejemplo.

5. La tonga y los brazos

A pesar de nuestro empeño, portear a más de 30 ºC da calor,  independientemente de si vamos envueltos en un fular o de si simplemente llevamos encima el cuerpo del bebé y el panel de una mochila. El sudor es inevitable. En un último esfuerzo por buscar una solución mejor, nos decidimos a probar un sistema de porteo bastante más original: el portabebés Tonga®.

Si la bandolera me había costado, qué decir del Tonga®… Fue una inversión totalmente fallida en nuestro caso. Nuestra hija parecía ir relativamente cómoda ahí montada, pero mamá y yo nunca llegamos a ir a gusto con ella. Nos resultaba tremendamente difícil de colocar bien y, a las pegas inherentes a cualquier tipo de bandolera, había que sumar el hecho de que la red de algodón se clavara en la carne lechona de los muslos de nuestra hija más allá de lo que nos parecía razonable. En cualquier caso, este tipo de portabebés solo proporciona un cierto apoyo adicional para aliviar parte de la carga que de otra forma habríamos llevado en brazos, pero sigue siendo necesario sujetar al niño con el brazo, por lo que la libertad de movimientos que concede es igualmente limitada.

El portabebés Tonga nunca fue del todo de nuestro agrado
El portabebés Tonga® nunca fue del todo de nuestro agrado

Aquel verano terminó inevitablemente en el único tipo de porteo que no añade capas adicionales a lo que la naturaleza ha previsto dotándonos de un buen par de extremidades superiores. Aprovechando que ya teníamos callo en espalda y hombros, fueron nuestros brazos los que más tiempo llevaron a nuestra hija a cuestas durante las semanas de más calor, alternando con la mochila, la tonga o la bandolera solo lo imprescindible para descargar la musculatura o para hacer viables las siestas.


La sensación inigualable del fular y la practicidad de la mochila marcaron nuestro primer año largo de porteo. Sin embargo, aquel bebé se empeñaba en seguir creciendo a un ritmo vertiginoso y pronto dejó pequeño el panel de nuestra Boba. Tocaba plantearse el futuro del porteo en casa, pero eso ya es otra historia que merece su propia página en este diario.

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4 comentarios en “Porteamos; la etapa bebé”

    1. Muchas gracias 😉 A mí me da cierta pena que tanta gente opte por introducirse en el porteo directamente con la mochila. Más allá de consideraciones ergonómicas y prácticas, las sensaciones que se pierden obviando el fular son inigualables… Lástima de calores, jejeje.

      ¡Gracias por pasarte y comentar!

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