«La isla del abuelo»

«La isla del abuelo»

Cada generación de padres tiene que lidiar con sus propios demonios. Uno de los de la nuestra es, sin duda, el exceso de información. A cambio, quizá para compensar la jauría de títulos dirigidos al padre novato que acechan en cada librería, nos ha tocado disfrutar de los álbumes ilustrados. Nada tienen que ver los cuentos de hoy con los clásicos que nos tuvieron que leer nuestros padres. Supongo que en aquella época no eran tan aficionados a cogérsela con papel de fumar como somos nosotros hoy, pero no puedo evitar sentir cierta compasión ante la imagen de mis padres recorriendo una vez tras otra las horrendas páginas de esos cuentos llenos de imágenes grotescas, ilustraciones sexistas y diseños desesperantes.

Elegir un cuento hoy en una librería infantil es una tarea peliaguda. Es más que recomendable llevar una selección previa de títulos favoritos. Si no, corremos el mismo peligro que quien osa hacer la compra con hambre en las tripas y dinero en la cartera. Así lo quisimos hacer nosotros poco antes del último cumpleaños de nuestra gusanita, y tuvimos la suerte de acertar.

«La isla del abuelo» es el primer cuento que me ha hecho llorar. Lo descubrimos por casualidad en la Feria del Libro. En esa ocasión fue «La máquina de los abrazos» la que nos acompañó hasta casa, pero en aquella bolsa se ocultaba el germen de la que sería nuestra mejor adquisición hasta la fecha. Una postal publicitaria con la imagen de Leo y su abuelo rodeados de loros constituyó nuestra primera toma de contacto con este precioso libro. Una postal, nada más que eso, nos sirvió para jugar durante semanas y para deleitar a nuestra hija con inverosímiles historias inventadas mientras le cambiábamos el pañal o cuando se despertaba malhumorada de un sueño poco reparador.

La historia que nos acerca el cuento es sencilla. Es la del viaje maravilloso de un abuelo con su nieto a una isla cuyos secretos solo encuentran final en el límite de nuestra imaginación. Acompañados por las deliciosas ilustraciones de Benji Davies, nos convertimos en los únicos y privilegiados invitados de un viaje íntimo y lleno de amor. Y es precisamente ese amor el que en las últimas páginas del libro amenaza con romper el corazón de cualquier lector sorprendido en un momento de debilidad.

El libro está recomendado para niños a partir de 5 años. Tengo que confesar, no obstante, que en este aspecto somos bastante «vivalavirgen» en casa, y no nos preocupa demasiado que nuestra hija no sea aún capaz de entender qué encierra la última despedida de nuestro cuento favorito. «La isla del abuelo» la tiene a ella tan enamorada como a nosotros, independientemente de que cada uno nos hayamos quedado con la parte del mensaje que somos capaces de integrar en nuestra vida. Puede que el cuento sirva de ayuda en algún caso para hacer un primer acercamiento a la muerte o a la separación de un ser querido. En nuestro caso, nos vale de momento para disfrutar del amor por los abuelos, por los animales —los pájaros en particular— y por los viajes.

Sabiendo lo que se esconde muchas veces detrás de los premios, no sé si recomendaría alguna vez un libro basándome solo en su colección de reconocimientos de la crítica. En este caso, sin embargo, los muchos galardones que ha obtenido este álbum han coincidido también con el que más nos importa a nosotros en casa: el de su designación como nuestro cuento familiar favorito. ¡Cómo nos gusta!

 

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