Monstruo rosa

«Monstruo rosa»

A pesar de mi aversión crónica a los saraos en sociedad hace unos meses recibí una invitación de Madresfera que picó mi curiosidad. El Corte Inglés organizó una sesión de trabajo —en concreto, un focus group, para los modernos— con un grupo de padres para rebuscar en nuestra forma de vivir y entender la paternidad a la caza de alguna clave que les permitiera enfocar su nueva campaña de vuelta al cole. Soy cliente esporádico de la marca, admiro su servicio de atención al cliente y, habitualmente, detesto su comunicación publicitaria. Sin embargo, por deformación profesional pudo más el ansia curiosa que el rechazo del tipo vergonzoso que soy, así que me animé a conocer este tipo de dinámicas que nunca viene mal tener a mano en el ámbito en el que me muevo profesionalmente. La experiencia fue increíblemente enriquecedora y, sin ningún ánimo pretencioso, algunos de los resultados me han hecho mucha gracia.

Mi historia personal con el departamento de atención al cliente de El Corte Inglés habla de un trato siempre exquisito. En este caso, su deferencia con nosotros no lo fue menos. Además de la agradable merienda que disfrutamos aquella cálida tarde de lunes, nos fuimos a casa con una tarjeta regalo en el bolsillo a la que no tardaríamos en encontrar utilidad en casa.

Algunos días después del evento, mamá y yo montamos a nuestra gusanita en la mochila y nos dirigimos a la sección de librería de uno de los centros más grandes que El Corte Inglés tiene en Madrid. No miento si digo que nos pasamos cerca de una hora ojeando y hojeando libro tras libro en busca de un flechazo. Nos costó, pero lo encontramos. Y fue en la forma de dos cuentos monstruosos, el primero de los cuales os quiero presentar hoy.

«Monstruo rosa», de la ilustradora Olga de Dios, persigue un propósito tan difícil como loable: educar a los niños en la noción de que la diversidad es valiosa, de que el diferente es tan bueno como todos los que parecen cortados por el patrón común. Se sirve para ello de una historia simpática que presenta en unos dibujos que nos enamoraron desde que dejamos que saltaran de aquella estantería de centro comercial. Una página tras otra, acompañamos al monstruo rosa en la aventura que lo lleva al mundo en el que la variedad y la diferencia son bienvenidas. Y a nuestra gusanita le encanta.

Hay quien dice que el miedo al diferente es natural, algo inherente a la naturaleza humana. Sin embargo, me pregunto hasta qué punto es cierta esta percepción cuando día tras día nuestros hijos se esfuerzan en demostrarnos lo contrario. Los niños más pequeños ignoran a menudo las diferencias de raza, de edad, de aspecto físico… En el peor de los casos, hacen gala de su innata curiosidad señalando con el dedo aquello que les llama la atención, pero no tienen problemas en jugar mezclados porque no ven la diferencia. Con su incorrección política habitual, es la moraleja que se escondía detrás de un antiguo episodio de South Park: «Chef goes nanners» (aprovecho para recomendaros la serie a los adultos. Tiene mucho más mensaje de lo que los adolescentes socarrones que éramos cuando llegó a España supimos interpretar).

¿En qué momento dejamos que desaparezca esa característica de la inocencia infantil? ¿Somos nosotros los mayores acaso quienes inculcamos a los niños ese miedo a la diferencia? Me gusta la intención del cuento aunque me da cierto miedo que con ejercicios así seamos nosotros mismos quienes estamos haciendo hincapié en que el monstruo rosa no es como los demás. ¿Necesitan los niños esa explicación? El encuentro final en un mundo divertido y de colores en el que todos tienen cabida es positivo, pero también podemos interpretar que es lamentable que ese monstruo rosa, grande y peludo tuviera que abandonar su hogar para encontrar un lugar en el que no solo hubiera hueco para seres blancos, pequeños y lampiños.

Inciso: ¿por qué me complico tanto la existencia?. Fin del inciso.

En cualquier caso, nos gusta mucho el cuento y, puestos a elegir, preferimos sin ninguna duda este tipo de relatos a los clásicos finales de princesas desvalidas y valientes príncipes apuestos. El rechazo a quien se sale de la norma sigue dando hoy en día pie a todo tipo de actitudes reprochables, inhumanas y, en muchos casos, incluso delictivas. Preferimos por tanto quedarnos con el poso que «Monstruo rosa» pueda dejar en nuestra hija y prescindir de historias en las que los malos son siempre los feos, los gordos, los altos y los bajos.

Los monstruos ya no tienen por qué dar miedo.

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4 comentarios sobre “«Monstruo rosa»”

  1. Gran elección, aunque debo confesar que mi preferido de la ilustradora es “Buscar”. Su mensaje es toda una lección de vida.
    Una sugerencia que te hago sobre el mismo tema, -diversidad/tolerancia – es el libro de Beatrice Alemagna “Los cinco desastres” (editorial A buen paso).

    Mi peque de momento comparte conmigo lecturas de mayores -aparte tenemos los típicos libros de texturas y sonidos desperdigados por el salón -, ya que para dormir le leo en voz alta mientras paseamos en nuestra mochila de porteo por el pasillo de casa. Hay gente que me dice si estoy loca, que por qué hago eso. ¿Y por qué no? Mi voz le tranquiliza y me parece mucho más enriquecedor leerle una historia que repetir una nana constantemente. Y no sé si algo entenderá (12 meses) pero los libros históricos no le van ni un pelo, se me rebela 😛

    En las librerías cada vez hay más variedad para elegir aparte de los típicos clásicos. Eso sí, mucho nos esforzaremos en ofrecer a nuestros nenes variedad de lecturas con mensaje y luego llegará Disney con su Cars/Frozen/lo que toque llenos de topicazos y habrá que tragar jajajaja

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    1. Oye, pues muchas gracias por las recomendaciones. Se agradecen las pistas para saber por dónde empezar a buscar la próxima vez. Que no es que nos disguste pasar la tarde en una librería, pero a veces es una tarea hercúlea encontrar algo de tu gusto entre tanta Patrulla Canina.

      Y me parece una idea genial lo de leerle para dormir. Es importante el detalle de que el niño esté DENTRO de la mochila. Cuando intentamos leer libros de adulto delante de la nuestra muestra mucho interés, sí, pero tanto que se dedica a pasarnos las hojas y cogernos el libro como una loca. Pero oye, para nuestra salud mental puede ser interesante sustituir las nanas en forma de mantra por lecturas sosegadas, jajaja. Tengo que probarlo.

      Todo esfuerzo es poco con tal de retrasar lo máximo posible esa derrota anunciada ante la avalancha que comentas de Disney y compañía, jajaja.

      ¡Gracias por el comentario y las ideas!

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