Eso sí que es vida

Eso sí que es vida

Comparan los símiles populares de la lengua castellana el vivir bien con el vivir «a cuerpo de rey», «como un marajá» o, incluso, «como un cura». Esto último debía de ser más bien para los curas de antes que hacían y deshacían en el pueblo a su antojo y que, después del alcalde y de la Guardia Civil, debían de ser la siguiente autoridad competente para mandar y ordenar cuanto quisieran. No me dan mucha envidia en ese aspecto a mí los párrocos de hoy en día que he conocido a lo largo de mi vida, qué queréis que os diga.

Desde que soy papá, sin embargo, he escuchado en boca de mucha gente añadir un nuevo paradigma de la buena vida a la lista anterior: los bebés. ¿Nunca nadie le ha dicho a vuestros retoños aquello de «lo tuyo sí que es vida»? A la nuestra muy a menudo, especialmente cuando era más pequeñita. Y oye, que se lo hagan todo a uno y poder estar todo el día tirado en un sitio blandito no tiene que estar tan mal, ¿no? Pues no.

Es obvio que es una frase hecha, pronunciada desde el cariño y con sentido del humor, y así debemos entenderla. No obstante, si hiciéramos más a menudo el ejercicio de intentar ponernos en el lugar de nuestros hijos, ejercicio que ya sabéis que a mí me fascina hacer de vez en cuando, nos daríamos cuenta de que tan placentero no debe de ser vivir en el cuerpo de un bebé pequeño.

Para empezar, te pasas el día con el culo humedecido por tus propios orines. Que sí, que los pañales mejoran más que las marcas de atletismo, pero no por eso deja el culete de estar en ese ambiente húmedo de fuertes olores hora tras hora. A eso hay que añadirle las cacas… Supongo que a un recién nacido le vendrá a dar lo mismo, pero a cualquier persona con un mínimo uso de razón no le debe de resultar agradable hacérselo todo encima y tener que esperar a que lo cambien a uno. No creo que ninguno queramos ahora mismo imaginarnos un futuro en el que aparezcamos utilizando pañales de adulto y teniendo que esperar a que alguien venga a limpiarnos, ¿no?

Vale, podemos argumentar que un bebé viene de un ambiente en el que se pasó 9 meses empapado y rodeado de fluidos corporales. A lo mejor le da lo mismo tener caca que pis. ¿Pero y qué me decís del resto de sensaciones? Los bebés tienen hambre, frío, calor, sueño… ¡y no saben cómo explicárnoslo! Pueden llorar, de acuerdo, y dicen las malas lenguas que los mejores papás del mercado son capaces de distinguir hasta 6 ó 7 tipos de llanto de sus retoños, pero ¿y si los estamos interpretando al revés? Imagínate que hacemos caso a la abuela con el frío, le ponemos otra mantita encima al pobre niño, ¡y lo que tenía era calor! No lo veo.

A todo ello hay que sumarle, además, el hecho de que los bebés no pueden desplazarse por su cuenta. Dependen de nosotros para prácticamente todos sus movimientos. Imagínate lo que tiene que ser eso… Cuando apenas son unos gusanitos recién nacidos puede que no se den cuenta, pero cuando ya empiezan a ver y a tener ganas de coger cosas y moverse hacia aquí o hacia allá, ¿entonces qué? ¿No os resulta enternecedor verlos ahí tratando de darse la vuelta para ponerse boca abajo cual tortuga panza arriba? ¿No estan saladísimos cuando, otra vez como pequeñas tortuguitas, empiezan a estirar el cuello y se esfuerzan en vano por avanzar sobre sus rechonchas barriguitas? Pues para ellos me imagino que gracioso, lo que se dice gracioso, no debe de ser.

Después crecen y empiezan a hablar, y durante meses tienen que vivir con la frustración de haber nacido de unos padres que son incapaces de entenderlos. Porque sí, repetición tras repetición llegamos a saber interpretar gran parte de las palabrejas que arrastran sus lenguas de trapo, pero ¿y la de veces que les contestamos lo que nos parece por no dejarlos con la palabra en la boca? Pobrecitos. Nos miran con los ojos muy abiertos y cara de desconcierto, como diciendo «¿pero este tío de qué habla ahora?».

Así que, amigos míos, no, ser un bebé no debe de ser tan fácil. Desde luego yo no lo quiero para mí. Para que luego digan que a los niños lo que hay que hacer es frustrarlos para que aprendan a sobrellevar los reveses de la vida. Como si no fuera la infancia desde la más tierna edad una sucesión de frustraciones… Por eso, como digo siempre, pongámonos en su lugar, porque no es un lugar fácil.

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2 comentarios sobre “Eso sí que es vida”

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