Biblioteca infantil Mario Vargas Llosa

Los libros son para el verano

Hace ya varios días que estrené mi nueva condición de papá a tiempo completo. En un movimiento que sólo el tiempo dirá cuán acertado ha sido, he dejado de lado un trabajo que me gustaba para dedicarle todo mi día a nuestra hija. De repente, después de año y medio de paternidad, me encuentro en una situación completamente nueva. Nunca hasta ahora habíamos pasado tanto tiempo a solas los dos sin mamá de por medio.

Más allá de miedos e incertidumbres, lo que sí tenía claro es que quería aprovechar al máximo cada día que esta aventura me regale a su lado. No tengo aún muchos planes programados, pero me gustaría que fueran unos meses de descubrimiento con ella. Ya que vamos a prescindir de la escuela infantil durante un tiempo, espero ser capaz de enseñarle el mundo en el día a día. Como le digo yo a veces a mamá, me da cierta pena que tantos niños aprendan lo que es un autobús a través de las fichas de la escuela en lugar de subiéndose directamente a uno. Así pues, ya que nos hemos dado esta oportunidad, confío en que sepamos sacarle todo el partido.

Las horas de la mayor parte de los días acaban rellenándose solas entre las actividades rutinarias de aseo y comida y las labores del hogar. Ya era consciente de que no sería capaz de encontrar tanto tiempo libre como la gente me decía con sana envidia, pero aun así es sorprendente cómo vuelan los minutos entre recados mañaneros y tareas en la cocina. Con todo y con eso, y teniendo en cuenta también que mamá disfruta de una estupenda jornada de verano estos días, sí vamos descubriendo huecos que podemos ocupar con las actividades que más nos interesan.

Y lo que más nos interesa a día de hoy es huir del calor. Para eso tenía una localización ya en mente desde mucho antes de acogerme a la excedencia. La conocimos el verano pasado, precisamente en un hábil movimiento de escapatoria de una de las enésimas olas de calor con que nos castigó el estío madrileño: la sala infantil de la biblioteca Mario Vargas Llosa.

La bilbioteca se encuentra junto al renovado mercado Barceló de Madrid, a apenas unos pasos de la estación de Tribunal de metro. En un extremo de la última planta, nada más salir del ascensor, un pequeño recinto acristalado da cabida a un par de estanterías repletas de libros para los más pequeños de la ciudad. Es la sección de «prelectores» —así los llaman—, y tiene libros recomendados para niños de hasta 5 años. Un par de alfombras y algunas mesas y butacas blanditas del tamaño de nuestros pequeños rematan el conjunto en el que podríamos pasarnos horas y horas tirados por el suelo disfrutando de la lectura y, sobre todo, del aire acondicionado.

Nuestra primera visita el año pasado no fue nada destacable. La chiquitina era aún eso, muy chiquitina, así que era pronto para que mostrara demasiado interés por los libros. En este nuestro segundo paso por la biblioteca ya sí paseaba contenta y a su aire de una estantería a otra eligiendo el tomo que más llamaba su atención para leer con cualquiera de nosotros.

Los libros, escrupulosamente ordenados por el apellido de su autor, están también agrupados en cuatro bloques temáticos: libros para aprender, libros para jugar, libros para mirar y libros para leer. No creo que vaya a ser nuestro estilo sistematizar el contenido de nuestras visitas a la biblioteca hasta ese punto, pero sí es una agrupación que puede resultar útil para saber hacia dónde orientarnos en función de lo que queramos hacer con el niño o de su edad y sus gustos.

La biblioteca permanece abierta en verano hasta las 8 de la tarde de lunes a viernes, así que podemos utilizarla como refugio para las horas puntas de calor. Para los más pequeños, hay un cambiador en el pasillo de la planta subterránea que conduce a los aseos de adultos. Es de agradecer empezar a encontrárselos fuera del baño de mujeres para variar.

No sé a vosotros, pero a nosotros que nos pasamos algunas tardes dando vueltas en algún hipermercado con tal de refrescarnos la cara nos encanta este plan para seguir animando a nuestra chiquitina a adquirir el mismo amor por los libros que sentimos nosotros. Con la costumbre que tiene de pasar las hojas de los cuentos como una exhalación para ir enseguida a por el siguiente, es una solución ideal a la consiguiente escasez que nuestra biblioteca doméstica tiene a sus ojos. Volveremos, seguro.

 

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4 thoughts on “Los libros son para el verano”

  1. Nosotras hemos recurrido también a la biblioteca tanto los días de lluvia como los momentos de mucho calor pero a Mara no le entusiasma de momento demasiado y se cansa muy rápido así que al final acabo por no ir demasiado… Pero tengo la esperanza de que nos sirva como recurso porque es lo mejor 🙂

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