Preguntemos, preguntemos

Preguntemos, preguntemos

En algún momento cuando los termómetros madrileños respiren aliviados olvidándose de pintar un 3 en la cifra de las decenas una de mis compañeras de trabajo dará a luz. Nos llevamos bien, compartimos la fruta de media mañana a menudo y hasta comíamos fuera los jueves cuando todavía teníamos que dedicar una hora y media a la pausa de mediodía. Nos apetece hacerle un regalo, es normal, pero ¿qué?

El resto de mis compañeros han decidido que el hecho de ser padre me sitúa automáticamente como la voz autorizada y mejor cualificada para aportar sugerencias. Todavía no se han dado cuenta de que soy la última persona del universo conocido a la que uno debería dirigirse para resolver cualquier tipo de duda relacionada con la paternidad. Si ya de por sí soy un ignorante en la mayor parte de los temas, desde que me convertí en padre no tengo la más remota idea de qué es lo que se le debe regalar a una pareja de papás primerizos.

Nunca había compartido tanto tiempo con padres de mi generación, ni había tenido tanto contacto con bebés y niños pequeños. Nunca había leído tanto acerca de ningún otro tema. Y, sin embargo, nunca he sabido menos que ahora cuál es el regalo ideal para una futura pareja de padres. Las conversaciones con otros papás y nuestra propia experiencia me han enseñado que hay tantas formas de entender las cosas como familias —a veces incluso más, cuando papá y mamá no interpretan la realidad de la misma manera—. No es difícil, por tanto, que un regalo nuestro no encaje en las necesidades o gustos de esos padres ni aunque tratemos de apretarlo a martillazos.

Doy por hecho que la mayor parte de los regalos nacen de la ilusión y el cariño. Otro puñado de ellos los trae la cigüeña del compromiso. Pero hasta donde mi alma inocente y pura alcanza a ver, ninguno es elegido con oscuras intenciones. Los regalos desacertados se deben seguramente más al desconocimiento que a otra cosa pero eso no significa que no debamos poner un poco de prudencia en nuestra elección para evitar molestar a alguien o, como mínimo, para no tirar el dinero.

En el mejor de los casos, y aunque nos tomemos los desaciertos con cariño, humor y resignación, es una pena que la ilusión de tantos que nos quieren termine en el fondo de un armario haciendo compañía a esas palas de ping-pong que te compraste porque costaban 1€ en Decathlon y que todavía no has sacado ni del envase.

Que la ilusión acabe cubierta de polvo da pena, pero tirar el dinero le da aún más rabia al tacaño pragmático que pasa por mi cuenta bancaria el día 30 de cada mes. Me da mucha vergüenza tener que descambiar un regalo —ya sabéis que yo soy más la Monica Geller que la Rachel Green de esta familia—, pero también me la produce tener que responder al clásico «¿qué quieres?». Soy más de dejar la magia de los regalos en manos del factor sorpresa. Sin embargo, aunque nuestra educación puritana nos lleve a menudo a insistir en que no queremos nada, no me parece mal ser prácticos y darle al asunto un enfoque similar al de las cada vez más populares listas de boda. Seamos realistas: ninguna pareja joven quiere un jarrón de plata y nácar de 300€ para decorar su salón de IKEA. No nos debería dar vergüenza sugerir tres o cuatro cosas en las que no nos importaría gastar un dinero que, de otra forma, alguien va a invertir igualmente en un regalo, sea con o sin nuestra ayuda.

Mientras me debato en busca de la respuesta definitiva que darles a mis compañeros de oficina, lo único que tengo claro es que hay unas cuantas cosas que yo preferiría no regalarle a nuestra embarazada de turno. He aprendido que algunas son innecesarias o demasiado caras para el uso práctico real que después les damos. Otras, son tan personales que no me gustaría imponérselas a ninguna mamá.

Sistemas de retención infantil

Un compañero sugirió que, como somos muchos los que participamos en el regalo, podríamos comprarle a la mamá una silla de grupo 0 para el coche. Desde luego es un señor regalo. Un buen sistema de retención supone uno de los mayores desembolsos económicos que cualquier familia tiene que afrontar con la llegada de un bebé.

No obstante, le veo dos pegas: por un lado, no todos los SRI se adaptan igual de bien a todos los vehículos. El grupo 0 con el que empezamos nosotros nuestra andadura no cabía, por ejemplo, en el asiento central del coche de unos amigos que nos quisieron llevar a casa un día en que la lluvia nos cogió desprevenidos. Es importante que la silla encaje bien en el coche y que podamos manejarnos con ella y el niño con cierta comodidad.

Por otra parte, el sistema de retención no es solo una de las compras más caras, sino también una de las más importantes. Lo más probable —y deseable— es que nunca lleguemos a comprobar lo bien o mal que funciona, pero seguro que a todos los padres nos gustaría participar en la elección de la silla que protegerá la vida de nuestro hijo en caso de accidente. Si compramos una silla que no satisface las exigencias mínimas de seguridad de los padres, los estamos poniendo en un compromiso: tendrán que elegir entre utilizarla con su hijo mientras la duda los reconcome o deshacerse de ella y adquirir una nueva.

Mantas

Tener unas cuantas mantas viene muy bien si los primeros meses del bebé transcurren en un clima frío. Es un regalo fácil y, además, hay mantitas monísimas. Pero lo malo de los regalos fáciles y neutros es que son populares. Y como una manta es parte habitual de muchos de esos paquetes regalo para bebés, no es difícil darte cuenta de que en un abrir y cerrar de ojos han aparecido en tu casa mantas suficientes como para cubrir los 20 colchones de «La princesa y el guisante». Y ya sabéis que no nos gustan los cuentos tradicionales de princesas. Que no, abuelas, que el niño no tiene tanto frío.

Pendientes

Creo que este es un regalo más bien familiar, de esos que las abuelas se reservan para sí con ilusión meses antes del nacimiento de su nieta. Entiendo que les parezca adorable ver la cara angelical del bebé enmarcada entre los dos ornamentos dorados que ellas eligieron para sus orejas, pero cada vez somos más las familias que decidimos prescindir de los pendientes durante los primeros años de vida de nuestras hijas.

No sé si algún día me animaré a contaros por qué nosotros no perforamos los lóbulos de la nuestra, pero el hecho de haber tomado esta decisión tan poco ortodoxa en una cultura como la nuestra me hizo darme cuenta de que puede dar pie a situaciones muy hirientes en ambos sentidos.

Unos pendientes son un regalo que puede resultar caro y bonito —y no necesariamente ambas a la vez— pero, por favor, consultad antes con los padres si están de acuerdo y si tienen intención alguna de ponérselos a su hija. Igual que no le regalaríais un chuletón de Ávila a un amigo vegano por su cumpleaños, no pretendáis que alguien agujeree a su hija para satisfacer vuestra ilusión por ver cómo le quedan vuestros pendientes.

Biberones

Titulo «biberones» como podría haber titulado «sacaleches». La decisión de unos padres de dar a su bebé lactancia materna o artificial es extremadamente personal y delicada, además de uno de los motivos de discusión y crítica más habituales en el mundo de la maternidad.

Un buen sacaleches es caro pero no tiene mucho sentido regalárselo a una madre que tenga claro que va a optar por la leche de fórmula. Como nulo sentido tiene que nosotros tengamos una balda del armario de la cocina llena de biberones que nunca hemos llegado a utilizar. Es una pena.

Preguntemos antes de dar por hecho, en un sentido o en otro. Incluso aunque tengamos el firme convencimiento de que una opción es claramente mejor que la otra, no sabemos qué motivación o qué circunstancias mueven a cada uno a decidir. Nosotros nos lo tomamos a risa, pero puede que haya quien se moleste o se sienta presionado a orientar su lactancia de un modo que no se adapta a lo que ha decidido que más le conviene.

Chupetes

El año pasado pusimos el árbol de Navidad por segunda vez en casa. Y por primera vez incorporamos un toque de color adicional a las bolas plateadas y las piñas doradas que ya colgaron de sus ramas doce meses atrás. Entre ambas aparecían este año también una docena de chupetes de colores que hasta ese día no habíamos sacado siquiera de la caja.

Sé que la tierna sonrisa de un bebé escondida detrás de un chupete forma parte de nuestro imaginario colectivo, de la misma forma que muchos asocian indisolublemente la imagen de un biberón a la alimentación de los más pequeños. Pero no, amigos, los bebés no nacen con un chupete pegado a la boca que haya que ir reemplazando periódicamente. Os sorprenderá, incluso, saber que muchos bebés crecen perfectamente sanos y fuertes sin necesidad de morder un trozo de silicona ni una sola vez.

Un chupete es un regalo inocente y los hay con mensajes de lo más simpático pero, una vez más, corremos el riesgo de verlos acumular polvo en un cajón si los papás del bebé en cuestión han decidido no utilizarlo salvo que no les quede más remedio, que debería ser una decisión tan respetable como otra cualquiera. Preguntemos, preguntemos…

Ropa

Ojo, puntualizo: la ropa es un regalo muy útil, pero una vez más, preguntemos. Preguntemos a los papás qué tal andan de ropa, porque los bebés crecen muy rápido y no es ninguna exageración decir que muchas de las prendas que tenemos no las llegan ni a estrenar. A muchos papás nos prestan y nos regalan maletas enteras de ropa de bebé apenas vestida y es una pena darle tan poco uso a semejante armario.

Por otra parte, deberíamos prestar un poco de atención al estilo familiar. Hay familias más de «repollismo» y otras más de «chandalismo». Algunas siguen a rajatabla el principio que dicta que ellas deben vestir rosa y ellos azul, mientras que a otras les importa un comino la separación que la mayoría de las tiendas hacen entre la ropa de niñas y la de niños. A todos nos hace ilusión ver a los bebés con la ropa que nos gusta, pero no cuesta tanto pensar un poco si nuestro estilo encaja con el de los padres que van a tener que decidir qué ponerle a su hijo cada día. Debo admitir que, en nuestro caso, los amigos han demostrado tener bastante mejor ojo en este aspecto. No puedo decir lo mismo de parte de nuestros familiares. Más de un vestido ha pasado únicamente por el cuerpo de nuestra hija para cubrir el expediente y enviar la foto de rigor…

Cajas de suscripción

Desde mi punto de vista, esta es la peor elección de todas. Nunca entendí muy bien el atractivo de esas suscripciones a cajas de productos de belleza que cada mes te hacen llegar a casa una selección aleatoria de muestras y artilugios en la que tú ni pinchas ni cortas. Por mucho dinero que te ahorres con respecto al precio individual de cada uno de los productos, ¿qué sentido tiene suscribirte a un envío cuyo contenido desconoces? Comprar por comprar, así lo veo yo.

Si trasladamos ese modelo de negocio al mundo de los bebés, nos encontraremos a buen seguro después de un año con una buena colección de chupetes, tetinas, baberos, cremas, juguetes… que nunca usaremos. Ya no es que los papás del niño no elijan el regalo, es que ni siquiera el autor del mismo participa lo más mínimo en la decisión de compra. De verdad, si vais a regalar algo así, pensadlo dos veces. Una tarta de pañales o un cheque regalo de cualquier tienda que os parezca suficientemente bien será mucho más útil y apañado para todas las partes.

 

Son solo una muestra, pero creo que queda clara la idea central: preguntad, preguntad y preguntad, que no os dé vergüenza. Pedid ideas con discreción al menos, si queréis mantener en cierto grado el factor sorpresa. No tiremos un dinero que no nos sobra, seamos un poquitín prácticos aunque sea a cambio de restarle un poquitín de ilusión al regalo. Da mucha rabia ver la cantidad de ellos que terminan en el fondo de un armario hasta que la siguiente mudanza les haga un hueco en la caja de los descartes.

Anuncios

7 comentarios sobre “Preguntemos, preguntemos”

  1. Nosotros en la familia tenemos desde hace años la buena costumbre de preguntar por lo quieren/necesitan los nietos/sobrinos/primos… y dentro de ese rango si se puede pues se busca la sorpresa, si vas a tiro hecho pues nada, no habrá sorpresa pero de seguro que lo van a usar.

    Me gusta

    1. A mí desde luego me parece mucho más práctico. Siempre puedes pedir que te digan 3 ó 4 cosas para mantener un poco del factor sorpresa, que siempre hace ilusión que los regalos lo tengan, pero al menos evitamos meter la pata hasta el fondo, ¿no?

      ¡Un saludo y gracias por pasarte por aquí!

      Me gusta

  2. En cuanto a la ropa, también hay que tener en cuenta también lo práctica que sea la ropa. Es decir, hay cosas monísimas en la mano, pero que es lo más incómodo del mundo para un bebé. Que ya me da rabia que los fabricantes no piensen que un conjunto de 1500 piezas no es práctico pero que quien lo compra tampoco lo piense…tengo cosas que le he puesto una única vez y otras que no ha llegado a estrenar…también me da mucha pena desaprovechar así las cosas…

    Me gusta

    1. Desde luego. Nosotros tenemos algún vestido que sí nos gusta, pero que es tan condenadamente difícil de poner que al final hemos renunciado directamente a intentarlo. No nos merece la pena hacerle pasar un mal rato a la peque y salir todos enfurruñados de casa por ir «más monos».
      O qué decir de quien regala ropa para dentro de 6 meses y no cae en la cuenta de que para entonces será invierno y por tanto no el momento más adecuado para ponerse camisetas de tirantes, jejeje. Es también otro clásico.

      ¡Gracias por tu aportación!

      Me gusta

  3. Holaaa!!! Quizás esté de más decirlo, pero si decidierasis regalar una silla, que es muy buena opción , que sea a contramarcha hasta bien avanzada la edad por favor, son las más seguras.

    Me gusta

    1. Qué va a estar de más, Paula, jajaja. Es muy necesario. De hecho, parte de la inspiración de la entrada vino por ahí, cuando a un par de amigos les regalaron entre otros cuantos una silla para el coche. Ellos estaban ya firmemente convencidos de que a contramarcha se va más seguro, así que cuando se encontraron con que el regalo era una silla tradicional se llevaron un buen chasco y se encontraron en una situación casi hasta desagradable, diría yo.

      ¡Gracias por la aportación!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s