Abstracciones y vacas

Abstracciones

Nunca he entendido el arte moderno. No sabría decir a partir de qué momento en su historia, pero seguramente mi frustración sea paralela a la extensión de algunas de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX. No me llega el arte abstracto. Es más, me pone incluso de mala uva. No soporto ver un Miró con un punto negro sobre un lienzo blanco de 2m² y leer que se titula «Pájaro en el espacio» y que se ha subastado por una cifra que ronda el medio millón de euros. Me pongo malo. Seguramente la culpa sea mía por ser un gañán insensible que no sabe apreciar al valor artístico de una mierda pinchada en un palo —«No eres tú. Soy yo.»—, pero me puede.

Por eso me llama tan poderosamente la atención descubrir la capacidad de abstracción que tienen los más pequeños, incluso niños minúsculos de apenas un año. Empecé a darme cuenta de ello a medida que nuestra hija iba aprendiendo a conocer unos cuantos animales. ¿Os habéis fijado en las ilustraciones con que aparecen representados en los cuentos, en la publicidad o en los dibujos animados? Nunca me lo había planteado, ¡pero no tienen nada que ver unos con otros!

Pongamos por ejemplo la vaca, uno de los primeros animales que nuestra hija aprendió a identificar en voz alta con un «bu» adorable que nos derrite de amor. ¿Habéis visto cómo pintamos las vacas? En unos dibujos son gordas; en otros, flacas. A veces les ponemos cuernos; otras, sólo orejas. Algunas tienen manchas; otras, un pelaje de color plano. Las hay blancas y negras, marrones ¡y hasta violetas!. Hay dibujos de vacas con un alto grado de detalle, mientras que otros tan solo siluetean a las susodichas en la impresión a una tinta de ese cartón de leche de marca blanca. Pero a los niños no les importa, ellos ven siempre la vaca que se oculta detrás de la interpretación que el autor del dibujo haya hecho. «¡Bu!» dice nuestra gusanita señalando con excitación con el dedo cuando pasamos por el pasillo de los productos lácteos en el supermercado.

Como decía un día al admirar la capacidad de asombro de nuestros hijos, los adultos tenemos a nuestras espaldas una mochila llena de referencias. Hemos visto vacas de carne y hueso —hasta nos las hemos comido—, hemos estudiado Historia del Arte, hemos debido desarrollar nuestra propia capacidad de abstracción para superar esas clases de dibujo de los primeros años de escolarización. ¿Pero qué referencias tiene un niño de un año que no ha visto una vaca real en su vida? ¿No es maravilloso que con esa mente inocente sean capaces de atar unos cabos tan peregrinos para decidir con determinación que ese dibujo que les enseña papá es una vaca?

Recuerdo que de pequeño me encantaba dibujar. Seguramente no tuviera ni idea de lo que hacía, pero llenaba hojas y hojas con aviones fantásticos llenos de cachivaches retrofuturistas. En mi mente eran probablemente tan reales como lo son esos monigotes de palos y círculos que para un niño que empieza a dibujar representan a su familia con la fidelidad de una foto en alta definición. ¿En qué momento perdemos esa destreza? ¿Por qué mi mente se niega a ver una mujer y un pájaro en esas esculturas de —otra vez, lo siento— Miró? Quizá parte de la grandeza de los genios resida en que de alguna forma han conseguido conservar ese poder que esconde la mente de los niños…

Pero si el caso de la vaca me maravilla, hay un segundo ejemplo que nos dejó aún más anonadados a papá y mamá. Estaba yo un día trabajando en casa cuando la chiquitina empezó a rebuscar entre los cuadernos que tenemos en una estantería. De repente apareció con la mano en la oreja sujetando algo con el gesto que tan bien tiene aprendido de imitarnos hablando por teléfono (que no será de lo que me ha visto a mí, con lo poco que me gusta). Cuando nos lo enseñó con su intensa gesticulación habitual nos quedamos a cuadros: era la portada de una libreta de prototipado y diseño para móviles en la que venía esbozada la silueta de un móvil con su pantalla de inicio.

Nunca lo he comentado aquí, pero en casa no somos partidarios de dejarle ni enseñarle demasiado el móvil a nuestra hija. Salvo en contadas ocasiones en las que le hemos enseñado fotos para distraerla durante alguna crisis, nunca dejamos que lo tenga en la mano con la pantalla encendida. Es cierto que seguramente lo estemos utilizando delante de ella más de lo que deberíamos, pero tratamos de evitar hacerlo cuando estamos haciendo cualquier cosa juntos. Con todo y con eso, ella ya ha aprendido a identificar que esa línea rectangular con cuatro pequeños iconos dentro representa el mismo tipo de aparato que el viejo teléfono inalámbrico —que no smartphone— con el que sí ha jugado mucho desde pequeña.

Los niños son sorprendentes, maravillosos, apasionantes. No me canso de decirlo y de vivirlo una vez tras otra: es mucho lo que los adultos podemos descubrir y redescubrir, mucho lo que deberíamos aprender, de la mano de esos chiquitines que pueden parecer torpes e inocentes, pero que esconden lecciones alucinantes.

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4 comentarios sobre “Abstracciones”

  1. Me ha encantado tu post. Tan tierno como la pequeña gusanita. Es cierto que nos dan importantes lecciones y siempre me asombra que podamos volver a (re)descubrir el mundo a través de ellos.
    Hace tiempo que leí que “los hijos nos dan la oportunidad de volver a ser niños”. Y creo que es verdad. (Espero reconciliarme de nuevo con la maternidad cuando se calme un poco esta fase horrorosa jijiji y volver a querer mirarlo todo así).

    Ya sabes que compartimos la misma opinión con respecto al teléfono, y no sé si esto evitará que a los 6 nos pida uno para su cumple y se encierre en él y no quiera saber nada de nosotros desde bien pronto… Pero bueno, haremos lo que podamos, ¿no?

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    1. Dicen que cada hijo trae una experiencia de maternidad completamente nueva, así que seguro que te da la oportunidad de reconciliarte con todo, ya verás. Tú misma serás seguramente otra versión de Diana para cuando Leo se una al equipo, así que es inevitable que lo vivas todo como si fuera nuevo, en cierta manera.

      Qué otra cosa vamos a hacer aparte de lo que podamos, ¿no? Todo se andará y seguiremos decidiendo sobre la marcha, y saldrá mejor o peor, pero saldrá y seguiremos adelante a por la siguiente 😉 Así es la vida 😀

      ¡Un besote, Diana!

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