«La máquina de los abrazos»

«La máquina de los abrazos»

No sé cuánto exageramos cuando decimos que «hay libros que te cambian la vida». Podría citar algunos de los que han cambiado la mía, otros me los guardo para mí. Esta semana hemos sumado uno nuevo a la lista. Su efecto será seguramente efímero como el de esos caramelos que apenas amagan con atenuar el dolor durante cualquiera de nuestros frecuentes ataques de anginas de los últimos meses, pero aun así nos encanta.

Llevábamos intentado visitar la Feria del Libro desde un mes antes de que abriera siquiera la primera caseta. Así de chulos somos nosotros. Y, sin embargo, no fue hasta la mañana del último día de feria que conseguimos por fin darnos un paseo entre las hojas de sus libros. Por la página de la sombra, eso sí. No habíamos hecho los deberes y llegamos sin ningún plan de compra. Dejamos que la vista y la intuición marcaran el camino y nos llevamos a casa cuatro tesoros: un atlas ilustrado del que nos enamoramos, dos re-ediciones de novelas de nuestra infancia a las que les teníamos ganas papá y mamá, y un cuento para ella, la pequeña de la casa.

«La máquina de los abrazos» es un breve relato ilustrado que ha traído a mi vida un nuevo momento favorito del día: el del cuento. Nos costaba horrores atrapar el interés de nuestra gusanita en cualquiera de sus libros. A una lombriz le sobrarían dedos para contar las ocasiones en las que papá hubiera conseguido terminar de leer cualquier cuento de más de cuatro páginas con su chiquitina. Hasta que «la máquina» llegó a casa.

«La máquina de los abrazos» no cuenta una gran historia pero deja que papá se invente decenas de ellas, una por cada instancia de ese gesto que su hija pequeña empieza a conocer. En cada una descubrimos personajes nuevos que, por algún motivo que sólo ella y yo sabemos, necesitan un abrazo. Y así, hoja tras hoja, ambos sentados en el suelo con las piernas cruzadas, ella acurrucada en el regazo de papá con el libro sobre sus «diminúsculas» rodillas, acompañamos al protagonista del cuento en su cruzada por hacer del suyo un mundo más feliz.

Le habríamos puesto una nota redonda al cuento si el combustible que el protagonista consume para recargar sus exhaustos brazos hubiera sido una bandeja de fruta fresca en lugar de una pizza y un refresco, pero se lo perdonamos por haber conseguido hipnotizar así a nuestra gusanita. Leemos este cuento de la editorial Andana por la mañana, por la tarde y por la noche, y en cada ocasión es diferente de la anterior. Y no me canso de imaginar al niño que nos regala el ilustrador Scott Campbell manos a la obra, rodeando con sus mágicos brazos a todo aquel y todo aquello que se ponga a tiro. Me muero de amor y me da la risa —todo agitado, no mezclado— cada vez que veo su carita de concentración.

¡Qué alegría le da a uno cuando acierta con un libro!

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3 comentarios sobre “«La máquina de los abrazos»”

  1. ¡Me lo apunto! (No esperaba menos que en la Feria fuerais por la sombra 🙂 jijiji…). Este no lo tenemos y pese a lo de la pizza y el refresco le daremos una oportunidad, seguro 😀 ¡Besazo grande!

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    1. Obviamente nos marchamos a casa sin pisar siquiera el lado en el que daba el sol, jajaja.

      En vuestro caso la pizza y el refresco no suponen ningún problema con esa pedazo de masa casera y pizza de verduras tuyas, o con ese refresco casero de lima-limón, jejeje.

      ¡Un besote!

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