De la mano con mamá

Yo confieso

Hemos dejado que nuestra gusanita se caiga de la cama dos veces. Y que se pille los dedos con un cajón de la cocina. Y que se caiga de morros aterrizando con la nariz por ir corriendo por la calle sin que nadie le diera la mano. Y que se pellizcara la mano con un cortauñas. Y que se metiera un puñado de arena del parque en la boca. Y que un perro le lamiera la cara como una vaca limpiando a su ternero. Y que metiera la mano en un charco para, acto seguido, degustarla con entusiasmo recorriendo con ella todos los rincones de su boca.

Así de malos somos. Peores, seguramente.

Hace dos semanas un niño trepó una valla, atravesó unos arbustos y se lanzó al foso del recinto en el que viven los gorilas del zoológico de Cincinnati. El resto de los visitantes vieron horrorizados cómo un gorila macho de 17 años y de nombre Harambe arrastraba al niño por el agua en una actitud que bien podría haber tratado de ser de protección por parte de un confuso animal. Tras evaluar cuidadosamente la tensa situación, la dirección del parque decidió acabar con la vida del gorila para proteger la del niño.

No voy a cuestionar las instalaciones del zoológico; hay quien dice que un doble perímetro de seguridad habría evitado el incidente. No pondré en tela de juicio si la decisión definitiva fue la más acertada o no; cualquier otra alternativa que hubiera podido conducir a la muerte del niño habría sido más lamentable. Lo que quiero analizar es esto: en apenas cinco días casi medio millón de personas firmaron una petición pública para que se investigue la responsabilidad de los padres en el suceso y para que las autoridades analicen el entorno familiar del niño y la situación de su hogar.

He leído varias crónicas del suceso y he visto algunos de los vídeos que grabaron los testigos. Me falta información para saber qué paso exactamente y cómo pudo un niño tan pequeño hacer todo eso. Esa misma información les falta seguramente a buena parte de esos más de 400.000 voluntariosos ciudadanos que piden poco menos que la retirada de la custodia del niño a sus padres.

Es cierto que estamos hablando de una escapatoria «de película» —en Estados Unidos, para más inri—, y me sorprende que un niño tan pequeño pudiera perpetrar semejante peripecia sin que nadie lo detuviera. Sin embargo, no se me ocurre pretender que la Justicia persiga a sus padres por la muerte del gorila, ni muchísimo menos extrapolar lo sucedido en el zoo a una supuesta falta de atención en el hogar. Me pregunto cuántos de los firmantes de la petición son padres; en mi apenas año y medio de experiencia me faltan ya dedos en las manos para contar la cantidad de veces en las que nuestra hija ha burlado también nuestra vigilancia para terminar llorando. No tendría dedos suficientes ni aunque fuera un dios hindú de cien brazos.

Los niños son curiosos, inquietos y rápidos, y el más mínimo despiste puede terminar en una tragedia si a la casualidad se le cruza el cable. Cualquiera que haya pretendido vigilar a un niño debería admitir que es físicamente imposible mantener completa atención durante todo el tiempo. Basta con que hayas cerrado los ojos para estornudar para que tu hijo haya prendido fuego a la casa y se haya tragado una caja de clavos; por no hablar de la cantidad de tiempo que los niños pasan hoy en día desatendidos mientras sus padres dedicamos todo nuestro esfuerzo mental a contestar mensajes en WhatsApp.

A lo mejor este caso debería servirnos para llamar la atención sobre otra perspectiva del asunto. Quizá no sean los padres los únicos sobre los que debemos poner el foco, sino también sobre el resto de visitantes del zoológico, sobre el resto de la sociedad. En el mejor de los casos, los padres —si es que estaban ambos presentes, porque en algunos artículos mencionan solamente a la madre— solo tenían dos pares de ojos para vigilar al niño. ¿Cómo es que nadie más se dio cuenta de lo que sucedía? No tardaron mucho en sacar el móvil para grabarlo… Hace poco dos niños de 5 años se escaparon de un colegio barcelonés hasta llegar a coger un tren tranquilamente sin que nadie se molestara en averiguar cómo podían dos niños tan pequeños ir solos por la calle y subirse al tren (ahí fue donde por fin un pasajero intervino). Está claro que los padres son los primeros y últimos responsables de sus hijos y de su bienestar, ¿pero no es un poco responsabilidad también del resto echar una mano? ¿No tenemos ojos en la cara los demás?

Volviendo a los padres, está claro que a menudo tenemos más descuidos de los que deberíamos. Son inevitables y forman parte de nuestra condición humana. La demanda de atención que exige la vigilancia constante y perfecta de un niño supera incluso al equipo formado por papá y mamá; al nuestro, desde luego, porque no somos perfectos. Tendremos que trabajar para minimizar esos descuidos y sus posibles consecuencias negativas, está claro, pero criminalizar a los padres o confundir un descuido —por grave que sea— con una irresponsable negligencia es ir más allá de lo que la realidad de la crianza me viene enseñando a hacer. Negligente, para mí, es quien prescinde de un SRI adecuado porque le resulta más cómodo llevar a los niños sin atar; negligente es quien coge el teléfono mientras conduce, aun a sabiendas de que está, en primer lugar, incumpliendo la ley y, en segundo lugar, poniendo en riesgo su vida y la del resto de conductores.

El día que mi hija se cayó de la cama mientras yo colgaba un pantalón en el armario se me quedará clavado para siempre. Quién me iba a decir a mí que aprendería a rodar tan rápido de un día para otro… Pero el caso es que le di la espalda más tiempo de lo debido. No quiero ni pensar lo que tuvo que pasar la madre de un niño de 4 años viéndolo zarandeado por un gorila de casi 200 kilos. No tengamos la munición tan a mano; la infancia de nuestros hijos es muy larga y quién sabe si no estaremos disparándonos en el pie cuando acusamos a otros padres que a ojos nuestros parecen negligentes. Nadie es perfecto y tarde o temprano todos estaremos ahí.

Anuncios

16 comentarios sobre “Yo confieso”

  1. Enrique, ¡me ha encantado! Consigues exponer de una manera maravillosa un punto de vista (en concreto sobre lo del zoo) que quizá muchos no se han planteado porque de manera inmediata se lanzaron antorcha en mano. Entiendo que es un poco instintivo el buscar responsables y con ello proteger al menor, quiero pensar que esa motivación es la que mueve al que ha firmado, que quizá no ha reparado en lo que cuentas, pero estoy muy de acuerdo contigo.
    Y en cuanto a la cama, también se nos ha caído: a mi maromo hace unos días, como tú estaba colgando ropa y el fiera dio un salto y… A mi fue la mañana del día que cumplió un año, mientras jugábamos con la perra sobre la cama. Yo estaba allí, con ellos, pero sucedió. Y como leo que os pasa a otros, recuerdo la fecha perfectamente, es de esas cosas que se te quedan grabadas a fuego. Lo que no pienso es prohibirle a mi hijo subirse a mi cama, o jugar con la perra como si fueran dos cachorros (con lametones y babas incluidos), estaré atenta, estaré ahí, pero pasarán cosas, y todos aprenderemos de ellas.
    ¡Un besote!

    Me gusta

    1. Jejeje, ojalá sea como dices y esos cientos de miles de personas estén solamente preocupados por el bienestar del menor… Pero no sé por qué me da a mí que alguno que otro lo que tiene son ganas de criticar, quemar a alguien en la plaza pública y desahogar no sé qué tipo de iras o frustraciones. En fin…

      Me quedo con tu final: «pasarán cosas, y todos aprenderemos de ellas». Amén 😉

      ¡Muchas gracias por pasarte y por tu comentario!

      Me gusta

  2. Totalmente de acuerdo en todo lo que dices, a mi también se me ha caído el peque de la cama, tambien ha comido arena y tantas otras cosas que la lista sería interminable. Los que somos padres sabemos que un niño en un segundo te la lía y mucho! Pero yo iría más allá con el tema del gorila… Está clarísimo que lo que se hizo fue para evitar un daño mayor e irreparable al niño, no cuestiono si fue exagerada la decisión de matar al gorila, porque si hubiera sido mi hijo el que estaba allí dentro, no hubiera tenido la menor duda si esa era la única manera de sacar a mi hijo con vida de allí. Y está claro que si se hubiera podido rescatar al niño sin matar al gorila, eso hubiera sido lo mejor. Pero, no será que un gorila donde tiene que estar es en la selva y no en un zoo, quitándole la libertad y viviendo en unas condiciones que no son las óptimas para este tipo de animales? Hacemos bien los padres llevando a los niños al zoo? Habéis visto el documental de Seaworld? Muy recomendable y me recuerda un poco a este caso. Simplemente dejo esta reflexión ahí… Gracias por dejarme opinar sobre el tema! Un saludo!

    Me gusta

    1. ¡Muchas gracias a ti por extender la discusión! A mí los zoos siempre me dan mucha pena, aunque también es cierto que viendo cómo lo disfrutan los niños, entiendo que haya quien defienda que unos cuantos ejemplares de cada especie «se sacrifiquen» por los demás. Si todos esos niños aprenden a amar a los animales… podríamos verlo como una inversión dolorosa. Pero estoy de acuerdo contigo, los animales deberían vivir en libertad.

      Creo que no hemos visto el documental, no estoy seguro. Hemos visto alguno sobre cetáceos en cautividad, orcas sobre todo, que acaban volviéndose locas y matando a los cuidadores. No sé si el mismo del que hablas tú…

      ¡Gracias otra vez y un saludo!

      Le gusta a 1 persona

  3. Yo vivo sentada en el borde del sofá observando cómo mi niño de 9 meses está intentando aprender a gatear…si veo que se va a hacer daño intervengo. ..si no, no…ya hemos estrenado esta semana la barrita calma chichones. ..pero él ha de explorar…lo de dejarle chupar me cuesta más, lo reconozco, pero poco a poco también me preocupa menos. La verdad es que lo primero que pensé al leer la noticia fue en el susto que se llevarían los pobres padres. Me parece más grave el caso del niño japonés abandonado en el bosque. Y quién ha lanzado la recogida de firmas? Un no-padre o padre perfecto sin duda.

    Me gusta

    1. A mí también me da más cosica lo de que lo chupen todo, la verdad. Ahí sí que intentamos evitarlo un poco, aunque igual que lo demás, es inevitable que lo hagan alguna vez sin que podamos hacer nada.

      Lo del niño japonés sí que me parece más grave, ¿ves? Ahí sí podríamos hablar de negligencia. No es un despiste, es una barrabasada que pudo haber acabado muy mal.

      ¡Muchas gracias por tu aportación!

      Me gusta

  4. Creo que yo ya debería estar en la cárcel. Y eso que mi hija aún no ha acabado en la jaula de un gorila. Pero todo se andará. La verdad es que la gente reacciona muy a la ligera. Y llega a conclusiones demasiado precipitadamente…

    Me gusta

    1. Pero muy muy a la ligera, vaya que sí. Y seguro que nosotros mismos también, ¿eh? Por eso no viene mal recordárnoslo de vez en cuando para no andar tan ágiles en la crítica, más aún en el entorno digital en el que nos movemos, entre tuits de 140 caracteres que no dan de sí para muchas florituras de contexto y lecturas diagonales y de titulares que a menudo nos dejan solo con una verdad a medias.

      ¡Un abrazo!

      Me gusta

  5. Me ha gustado mucho tu enfoque, y estaba dudando en dejarte comentario o no cuando he leído el de Diana y no he podido resistirme… Ayer mismo tuve una conversación con mi marido y padre de nuestro hijo de cuatro años y medio. Una más sobre el mismo tema… y es que él considera que hay que estar más encima, más atentos, más pendientes… y como yo prefiero dejarle más libertad y autonomía (en parte porque sé que es beneficioso para él y en parte porque ha sido un bebé tan demandante que lo empiezo a disfrutar ahora) pues en cuanto hay un amago por su parte de hacer alguna ahí salta su padre como si tuviera un muelle pensando en lo peor… Y luego claro, se enfada conmigo y acaba diciéndome que así no podemos salir los dos de casa por que claro, “es que tú no te levantas ni una vez”. Y yo le explico que si ya se levanta él, ¿tenemos que ir siempre los dos? y a veces le intento decir que quizá no siempre sea necesario estar tan encima, y darle una oportunidad, confiar… Lo cierto es que en la calle conmigo no ha pasado nunca nada grave (a mi marido sí se le cayó de morros y con la mala suerte de que se le arrancó una paleta con tres años y poquito) y prefiero confiar más en mi hijo y sin perderle de vista quedarme sentada en el banco, pero que juegue solo y “se busque las castañas”… Que despistes podemos tener, claro, es humano, pero hay que tener muy claras las prioridades y yo también me he preguntado cuántos de quienes han firmado tendrán hijos…

    Me gusta

    1. Ay, qué difícil es todo cuando los dos miembros del equipo no estamos de acuerdo, ¿verdad? Con lo que cuesta tomar este tipo de decisiones uno mismo, como para tener que discutirlas con el otro…

      Nosotros tenemos la suerte de coincidir en que no nos gustaría ser «padres helicóptero» sobrevolando cada segundo a nuestra hija para que no le pase nada. Como le decía a Diana, lo que cuesta es decidir dónde está el límite. Por ejemplo, a mí viviendo en Madrid me da mucho miedo lo que dices de perderla de vista, por lo menos de momento. A lo mejor es un miedo irracional e innecesario, pero no puedo evitarlo. Y luego está el hecho de que hay que estar preparado para los fallos de esta técnica, claro. El día que vuelve con el diente roto —o lo que se tercie— no podemos torturarnos pensando que deberíamos haber estado más encima, ¿no? Pero cuesta, ¿eh?

      Lo bueno que tiene vuestro caso es que seguro que entre los dos conseguís encontrar el término medio ideal, jejeje. ¡Ánimo mientras tanto con su búsqueda!

      Me gusta

  6. ¡Qué bien escribes, Enrique! De verdad. De diez. Como siempre comparto todas y cada una de tus palabras. Ya lo de que no somos perfectos y que todos cometemos errores/despistes añadiría la súper protección a los niños que se puede ver fácilmente en el parque. ¡No te subas ahí! ¡No corras! ¡No cojas! ¡No! ¡No! y ¡No! Entiendo que como padres debemos velar por la seguridad de nuestros hijos pero también entiendo que en la medida de lo posible y siempre que no haya peligro se les debe dejar explorar mucho más. Dicho esto, en cuanto a lo del zoo me quedo patidifusa con el tema de la petición. No tenía la menor idea de que tantísima gente había pedido semejante idiotez. De verdad. Es terrible el mundo en el que vivimos. Un mundo que penaliza tanto la maternidad/paternidad no perfecta pero que contribuye con cada acción a crear personas enfermas física y mentalmente.¡Qué pena!
    Por cierto, a nosotros Mara también se nos ha caído de la cama (nunca olvidaré aquella primera vez; casi me da un infarto: abril de 2014. Ha habido más después.), la hemos pillado los dedos con una ventana y con una puerta, se ha caído de morros mil veces por tropezarse corriendo, ha chupado cosas realmente asquerosas… Así que también somos terribles.

    Me gusta

    1. Iba a contestar a Enrique, pero ya os escribo a los dos. Yo entono el Mea culpa por andar diciendo que no hagan cosas peligrosas a mis hijos. Lo siento, me sale así, por más que me digo que tengo que dejarles vivir y caerse. Que tienen que aprender a levantarse, que al fin y al cabo todos hemos sido niños y nos hemos hecho heridas en las rodillas…
      A mi se me han caído los dos de la cama, y el pequeño, que es un demonio, no para de darse golpes, y lo que ha aprendido es que, a no ser que duela mucho, lo mejor es levantarse y continuar, que si no te cogen en brazos y ya no puedes hacer maldades.
      En cuanto a la petición… De verdad hay 400.000 personas que tienen una vida tan triste que se tienen que fijar en lo que hacen los demás???
      Saludos

      Me gusta

      1. Supongo que es inevitable; llegado el momento es muy difícil no echar a correr cuando ves que parece que se van a caer. Lo importante es no volverse loco con eso, dejarse ir un poco y hacer lo que nos pida el cuerpo, como decía antes. Pero que no te amargue la existencia el estrés, porque como bien dices, es inevitable que se den golpes; lo importante es estar cerca para poder acompañarlos y levantarnos con ellos.

        ¡Gracias por comentar!

        Me gusta

    2. Estoy muy de acuerdo. Es que ni siquiera hace falta fomentar su espíritu aventurero. ¡Ya lo traen de serie! Espero no ser yo quien le quite a mi hija las ganas de conocer, de investigarlo todo… Lo difícil como siempre es decidir dónde poner el límite y hasta dónde dejar abierta la ventana a pequeños accidentes que puedan hacerles daño, pero con un poco de sentido común, de intuición y de dejarles hacer lo que nos pida el cuerpo seguro que se consigue. Mientras tanto, habrá que hacer oídos sordos a la bandada de buitres que sobrevuelan listos para señalarnos cualquier error nuestro.

      En fin, un beso gordo de parte de otros padres terribles 😉

      Me gusta

      1. “Lo difícil es decidir dónde poner el límite y hasta dónde dejar abierta la ventana a pequeños accidentes que puedan hacerles daño pero con un poco de sentido común, de intuición y de dejarles hacer lo que nos pida el cuerpo seguro que se consigue”. Esto para enmarcar 😀 ¡Besazo!

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s