Tortilla de cebolla al curry

Tortilla de cebolla al curry

Si hay uno que se pueda considerar el plato estrella de mi padre es sin duda la tortilla de cebolla. Y cuando digo «de cebolla» es «de cebolla», no «con cebolla». Desconozco de dónde sacó la receta mi padre pero me gusta creer que se trata de un secreto milenario que pasó de generación en generación sobreviviendo a guerras mundiales, cruzadas católicas en Tierra Santa e invasiones de pueblos extranjeros venidos de más allá del frío. Cuando yo heredé la receta, la pervertí con algún truco que aprendí de David, el maestro tortillero con el que compartía residencia durante mi Erasmus, y le di un toque exótico con las especias que nunca faltan en mi cocina y que mis padres nunca sabían cuándo utilizar.

Así nació nuestra tortilla de cebolla al curry, plato que yo consideraba extremadamente original hasta que Sem de Y yo con estas barbas destrozó mi ilusión de un plumazo (pero que conste que tengo pruebas gráficas de que hace ya mucho tiempo que venimos preparándola en casa). En cualquier caso, como cada maestrillo tiene su librillo, yo os cuento cómo la hacemos nosotros. Es un saber que hay que compartir para que esta receta milenaria cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos no caiga en el olvido. O lo que sea.

La lista de la compra

  • Un par de cebollas grandes o tres pequeñas. Para la tortilla pequeña de la foto utilizamos unos 360g de cebolla, por si os sirve de referencia.
  • 4 huevos medianos, quizá 5 si son muy pequeños o 3 si son muy grandes. Nosotros pusimos huevos de las gallinas del pueblo de la tía, que son algo más pequeños que los de talla M de supermercado.
  • Aceite de girasol.
  • Sal.
  • Curry.

El camino a la perdición

  1. Cortamos la cebolla en trozos del tamaño que os guste para una tortilla de patata normal —una tortilla de patata «normal» lleva cebolla; es intrínseco a su naturaleza. Si no lleva cebolla, no se llama «tortilla de patata», se llama «huevo con cosas»—. Nosotros lo picamos en pedazos de más o menos 1cm de ancho, que no llegue a ser una «brunoise» picadita.

    Cebolla picada en la sartén
    3 cebollas pequeñas pochándose despacito
  2. Ponemos un buen chorro de aceite en nuestra sartén de las tortillas (¿alguien no tiene una sartén de las tortillas en casa?) y cuando esté bien caliente incorporamos la cebolla. Para que tenga el sabor dulce que nos gusta, dejamos que se vaya friendo despacito con el fuego medio-bajo, hasta que tome un color tostadito pero sin llegar a ser cebolla caramelizada. Nosotros le ponemos un poco de sal.
  3. Mientras se va pochando la cebolla, cogemos los huevos y separamos las claras de las yemas. Viendo uno de los miles de «realities» de cocina a los que somos adictos, descubrí que es mucho más fácil hacerlo con las manos que pasando el huevo de una cáscara a otra como hacía yo hasta aquel momento. Si vais dejando que la clara se cuele entre los dedos, en un minuto lo tenéis listo. Si, además, tenéis los dedos tan torcidos como yo, puede que el hueco extra os ayude a lograrlo en un tiempo récord de 30 segundos.

    Claras batidas hasta formar una espuma
    Las claras batidas hasta formar una espuma. Reservamos las yemas aparte
  4. Ponemos las claras en un bol amplio y las batimos hasta que se hayan convertido en una espuma. No queremos montarlas ni llegar al punto de nieve; en cuanto no veamos parte líquida y sea todo una espuma blanquecina, podemos parar. Este punto le da un toque esponjoso a la tortilla de cebolla que nos gusta mucho.
  5. Cuando la cebolla haya cogido el tono dorado que nos gusta, la sacamos de la sartén y le escurrimos bien el aceite para que no quede un interior excesivamente grasiento.

    Cebolla pochada
    Dejamos que la cebolla alcance un tono doradito sin llegar a caramelizarse del todo
  6. Incorporamos a la espuma de las claras las yemas que teníamos apartadas, la cebolla, una pizca de sal y otra pizca de curry. Lo mezclamos todo bien sin llegar a batir para que no se desinfle la espuma.

    Claras batidas, yema, cebolla pochada, sal y curry
    El curry y las yemas colorean la mezcla
  7. Recalentamos bien la sartén que habíamos usado para la cebolla untada con un poco de aceite sobrante y solo nos queda terminar la tortilla con mucho cuidado como si fuera una tortilla de patata normal. Podéis darle el punto que queráis. No pasa nada si se pasa un poco más; aunque os guste la tortilla poco cuajada, la textura que hemos conseguido con las claras le da un punto esponjoso que queda bien incluso si dejamos que se cocine un poco más de lo habitual.

El truco final

El truco final de hoy es una confesión: no sé hacer tortillas. Mis tortillas francesas acaban a menudo en revuelto espontáneo; no digamos las de patata… Mi truco final es tener al lado a una experta tortillera como mamá, así que el paso 7 y definitivo es siempre obra suya en esta casa. Fijaos si es buena, que hasta con fiebre y anginas termina la tortilla, aunque le quede un poquito arrugada como le pasó ayer.

Sé que esto será una decepción para mi legión de seguidores, pero este ataque de sinceridad debería servir para demostrar que no escondo mis múltiples defectos y que todo lo que os cuento de nuestra cocina es real como la vida misma.

Lo importante no es ser buen cocinero; lo importante es vivir con alguien que sepa cocinar.

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4 thoughts on “Tortilla de cebolla al curry”

  1. ¡Qué grande! Muchas gracias por compartir una receta con tanta historia entre nosotros 😀 Tengo que decir que jamás se me hubiera ocurrido hacerlo así. ¡Fantástica! Esta me la apunto yo a mi listado de recetas pendientes que, por cierto, no para de crecer peligrosamente.
    Me ha encantado lo de los huevos de la tía porque imagino que poco tendrán que ver con los tristes huevos que encontramos aquí 😦 ¡Envidia total! A veces solo quiero tener gallinas ponedoras.
    Y muy fan de lo de que la tortilla tiene que ser con cebolla. Esto hay que decirlo más. Una tortilla de patatas sin cebolla no es ni tortilla ni es nada XD ¿Nos planteamos hacer un blog sobre la tortilla? Aquí una fan. Piénsalo. Jejejeje… ¡Besazo enorme! ❤
    PD. "Lo importante no es ser buen cocinero; lo importante es vivir con alguien que sepa cocinar." Esto debe pensar todo el rato mi querido esposo y aunque yo no sepa cocinar parece que se conforma con la cocinera :-p

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    1. Somos unos diógenes de las listas, Diana. Hemos perdido el control definitivamente, jajaja.

      Yo haría el blog de la tortilla, pero nos íbamos a granjear muchos enemigos. Bien es cierto que los defensores del «sincebollismo» no merecen contarse entre nuestros amigos, pero tampoco hay que hacer sangre, jejeje.

      ¡¿Pero cómo no vas saber cocinar tú?! Pero que estamos hablando del marujismo personificado, jajaja.

      ¡Un besote!

      Me gusta

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