Por una vez se murió un pez

Por una vez se murió un pez

No hace falta tener un oído especialmente fino para darse cuenta de que muchos padres y madres comparten un mismo sentimiento de hartazgo: el cansancio que les produce —nos produce— tener que escuchar comentarios constantes acerca de cómo estamos criando a nuestros hijos de la manera equivocada. Dónde si no en España iba a tener sentido el término «cuñadismo», en un país de opinadores profesionales —yo el primero— que habitan una constante tertulia en la que todos somos expertos en la materia. A lo mejor es que, como dice el otro, «tenemos la piel muy fina», pero a menudo nos cuesta vislumbrar la tenue línea que separa, a un lado, los motivos por los que alguien decide actuar de determinada manera en su casa y, al otro, un ataque en toda regla a quien no ha optado por la misma solución. Yo por si acaso entono desde ya el mea culpa porque seguro que más de una y de dos veces he abierto la boca más de lo que debía.

Todo esta introducción viene al hilo de un tipo de comentarios que últimamente me resultan especialmente molestos. Los agrupo bajo el epígrafe «por una vez no pasa nada», y se construyen con un mecanismo muy simple: un opinador cualquiera toma alguna de tus decisiones de crianza al azar, le da la vuelta y te endiña un «por una vez que [inserte aquí su propuesta de mosca cojonera favorita] no pasa nada».

Algunos son tan brutos que no merecen ni la más mínima atención, al menos desde mi punto de vista. Sería el caso de clásicos como el «porque no le abroches el cinturón para ir hasta allí no va a pasar nada». Obviamente, lo más probable es que no pase nada. Pero, lamentablemente, la vida no se reduce a una mera cuestión estadística. Basta con que te cruces al volante con quien piensa de vez en cuando que «por otra copa no pasa nada» para que la historia termine en tragedia. Y una vez que pasa algo, ve a buscar al filósofo del «no pasa nada». Sin llegar a ese extremo, también incluyo en este grupo a esos familiares simpáticos a los que les parece muy gracioso darle a probar alcohol o tabaco a un niño porque «porque lo pruebe una vez no le va a pasar nada». ¿Hace falta comentar?

El problema y mi fastidio se acrecientan cuando se trata de acciones no tan directamente dañinas o peligrosas, y pongo un ejemplo que a mí al menos me resulta claro y sangrante: los dulces industriales. Bajo mi punto de vista, la salud de mi hija es responsabilidad mía hasta que pase a serlo suya. Llegará un día en que ella decida si quiere comprar más boletos para el sorteo de un cáncer de pulmón, o si le compensa mantener un estilo de vida más fácil y proclive a una enfermedad cardiovascular. Como decía un compañero mío de clase «tú mismo con tu organismo». Nuestra responsabilidad será entregarle un cuerpo todo lo sano que nos sea posible; a partir de ahí, daremos un elegante paso al lado y dejaremos que siga su propio camino.

Vuelvo pues al ejemplo: los dulces. En casa hemos decidido que los dulces industriales, galletas incluidas, no formen parte de la dieta diaria de nuestra hija. Somos conscientes de que es prácticamente imposible erradicarlos, no estamos locos, pero nos gustaría intentar que no se acostumbre a consumirlos de manera habitual. Si el panadero le da una galleta o si celebran un cumpleaños en la guardería y llevan bollos para todos los niños, no vamos a convertir nuestra decisión en una prohibición que a buen seguro resultaría contraproducente.

Sin embargo, hay quien, aun siendo plenamente consciente de que a nosotros no nos gusta, insiste machaconamente en que le demos galletas a la niña. «Hombre, porque se coma una galleta no va a pasar nada». Y claro que no va a pasar nada por una galleta pero ¿a partir de qué número de galleta empieza a pasar algo? ¿A partir de la segunda? ¿A partir del momento en que le gusten y decida que quiere desayunar una cada día? Y me daría lo mismo si no fuera a pasar nada aunque comiera doscientas galletas al día durante el resto de su vida. Si nosotros hemos decidido que no queremos que sea así mientras sea pequeña, ¿por qué demonios le fastidia tanto a la gente respetarlo? No es una galleta, es el hecho de que te dé absolutamente igual lo que yo he elegido para mi hija e insistas en ofrecerle precisamente lo único que te hemos pedido que no le ofrezcas.

Yo no soy vegetariano ni me gustaría serlo, pero no por ello me paso el día dándoles la murga para que coman carne a los veganos que conozco. Es una decisión nuestra, una decisión, además, muy informada, y como tal deberían respetarla los demás. No entiendo esa obsesión por que coma precisamente aquello que no queremos darle cuando resulta que es una niña que devora absolutamente de todo con fruición. Algo se me debe de escapar porque no entiendo que el ofrecimiento de una galleta resulte mucho más satisfactorio que el de una fruta cualquiera que también le pirra.

Como decía, es sólo un ejemplo. Son muchas las decisiones que tenemos que tomar los padres por nuestros hijos y, a menudo, no resultan cómodas. La opción popular y más fácil no siempre es la más sana o la que más se ajusta a nuestra situación o a nuestra forma de ver las cosas. Actuar de manera consistente delante de los niños tampoco resulta siempre sencillo. Intentamos darles una buena educación y unas pautas con las que ellos empezarán a tomar sus propias decisiones mucho antes de lo que imaginamos, y las constantes injerencias de personas del entorno a quienes ellos también prestan atención no hacen sino ponérnoslo mucho más difícil a los padres. Dejemos de cuestionar a los demás porque no hacemos sino poner en tela de juicio delante de sus hijos aquellas decisiones que los padres han tomado por ellos.

Un poquito más de respeto porque, a veces, sí pasa.

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9 thoughts on “Por una vez se murió un pez”

  1. ¿Cómo había pasado por alto este post? Completamente de acuerdo en todo de principio a fin. Poco más que añadir. Llega un momento en el que todo comienza a escapar de nuestra mano pero mientras tanto olé por hacerlo tan bien. Yo del tema de la guardería, chuches, familia, demás… qué te voy a decir que ya no sepas. Creo que hasta nosotros nos hemos relajado con eso (aunque no pasamos de un helado a la semana como pecado capital ahora en verano) pero aún así, en general, en casa nunca vais a encontrar chuches, galletas, zumos industriales, productos precocinados ni comida basura. Y fuera de casa, pues tampoco XD Para mi la expresión de “por una vez” es de verdad una tortura china… Cada vez que la oigo… Boom! una vena menos…
    Me quedo con “Dejemos de cuestionar a los demás porque no hacemos sino poner en tela de juicio delante de sus hijos aquellas decisiones que los padres han tomado por ellos.” Amén.

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    1. Bueno, pero los helados tienen mucha agua. Y el agua es buena 😉

      Si al final no se pueden llevar las cosas a rajatabla, está claro, pero que las personas que más cercanas que nos rodean sean incapaces de apoyar decisiones así es desesperante. Entiendo que no las compartan, vaya, pero no esa insistencia en llevar la contraria con argumentos así.

      Conserva tus venas, Diana, que en nada volvemos a empezar 😉

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      1. Ay, ay, ay… no me lo recuerdes que ya estoy escuchando cosas como que Leo sí que tiene que dormir en la cuna… Solo pido paciencia infinita para soportar la que se avecina jijijiji 🙂

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  2. 100% contigo.
    Y lo de los dulces, y azucaca en general me exaspera. Cómo es que en clase 1/2 años para los cumples regalen chuches?? Los mismos padres y madres que se escandalizan porque mis hijos comen entero desde bebés ? Los mismos que se quejan de tener que Dar fruta de potitos porque a sus niños y niñas “no les gusta la fruta ni la verdura” (ninguna????no habrá texturas colores sabores y aromas tan diversos en el mundo vegetal como para que al menos les guste una?)
    Los por una vez que en estos casos de alimentación, y en el resto, se los guarden para ellos. Te he leido y he pensado la respuesta que usaré la próxima vez que me crucé con algún opinologo: por una vez QUE TU no te metas en la crianza ajena, no pasará nada tampoco, no?
    Feliz jueves!

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    1. Jajajajaja, me encanta esa respuesta; me la apunto para la próxima.
      Yo intento tomarme con filosofía lo de los dulces en la guardería porque no nos queda otra, aunque como saben que no nos gusta intentan no dárselos a nuestra hija si ella no los pide. Es un detalle, por lo menos. Pero no deja de ser sorprendente todo lo que comentas, desde luego. Con lo ricas que están las frutas ahora en verano, que hay tanta variedad y son tan dulces que son mejor que un festival de gominolas 😀
      En fin, paciencia. ¡Muchas gracias por tu comentario!

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