Lentillas y tetitas

Lentillas y tetitas

Hace no mucho reflexionaba en este mismo blog sobre la capacidad imitadora de los niños. Bromas mocosas aparte, es imposible mantener constante el grado de concentración necesario para no cometer ninguna barrabasada delante de ellos. Y mira que me esfuerzo, ¿eh?, pero no hay manera de retener en el fondo de mi boca todas las palabras malsonantes que acostumbraba a proferir antes de ser padre; siempre se escapa alguna. ¿Y las veces que me sorprendo mirando el móvil, aunque sea de reojo, cuando estamos los tres juntos? Incontables.

Creo que lo único que he conseguido controlar con éxito han sido los cruces en rojo; ya hace tiempo que freno en seco cada vez que voy a cruzar la calle por donde o cuando no debo si veo que hay niños delante. Eso me ha dejado con dos palmos de narices en más de una ocasión, cuando veo que los propios padres arrastran al niño del brazo aunque el semáforo esté en rojo, pero por lo menos yo me quedo con la conciencia tranquila en ese aspecto.

La situación se agrava cuando estás en compañía de alguien con quien no tienes suficiente confianza como para pedirle que deje de dar eso que tú consideras «mal ejemplo» —cada uno sabrá qué es lo que entiende por «mal ejemplo» para sus hijos, ojo—. O, peor aún, cuando subimos al norte con la gusanita para ver a los abuelos. Como la ven una o dos veces al mes, obviamente no pierden el tiempo en disquisiciones morales, así que mamá y yo nos pasamos el día riñéndoles «por lo bajini» cuando sueltan alguna burrada delante de la peque o cuando insisten en repetir cosas que ahora pueden parecer graciosas pero que en un niño ya más talludito y locuaz lo pueden volver a uno loco. Me refiero a cosas como repetir que alguien «es malo» o «tonto», o cuando le enseñan a pegar «de mentirijillas». Llegará el día en que la niña haya interiorizado la acción sin tener aún conciencia de lo que implica, y veremos entonces quién le explica que no puede pegar al perro o a sus amigos del parque sin ton ni son. Sabemos que seguramente nos preocupamos demasiado, pero cuando son cosas tan fácilmente evitables delante de personitas con cerebros tan absorbentes, todo esfuerzo me parece poco.

Todo esto venía al hilo de un par de cosas que nuestra gusanita ha empezado a hacer espontáneamente imitándonos a mamá y a mí, y que nos parecen adorables hasta el extremo. La primera la ha ido descubriendo conmigo cuando nos preparamos juntos en el baño para salir y me ve poniéndome las lentillas. De repente, de un día para otro, cuando le digo que vamos a ponernos las lentillas, cierra un ojo y se aprieta el párpado con el dedo. No hace más, pero se lo pasa pipa y se le dibuja inmediatamente una sonrisa preciosa en la cara al sentir que está haciendo lo mismo que su papá.

La segunda es más tierna aún, si cabe, y empezó poco después de que nos devolvieran de la guardería el que debería haber sido su «muñeco de apego» durante las semanas de adaptación. En realidad le tenía tanto apego como a un paquete de pañuelos, pero algo teníamos que meter en la bolsa, así que allá que fue el bicho. El caso es que ahora que está de vuelta en casa, le ha dado por acunarlo en brazos como hacemos nosotros con ella y, en el colmo de la «achuchabilidad», ha decidido que va a darle la «teti». Así que lo coge en brazos, se lo pone al pecho, y con una manita se tira del pijama para que pueda comer. Por lo visto, considera que ya le ha llegado también la edad de introducir la alimentación complementaria, porque se esfuerza en restregarle fruta y todo tipo de alimentos por el morro cada vez que vamos a comer. Yo es que me la como.

Y hablando de comer, hace un tiempo nos planteamos la posibilidad de apuntarnos a un curso de lengua de signos para bebés de Otanana. Mamá estaba menos convencida que yo y, entre unas cosas y otras, lo fuimos dejando y nunca llegó. A pesar de ello, yo he intentado ser constante en repetirle una serie de signos a la gusanita para asociarlos a las acciones más básicas y, a lo tonto, parece que han ido cuajando y que ya empieza a aplicar algunos de ellos con cierto criterio. El gesto de dormir lo aprendió muy rápido, aunque por ahora lo asocia directamente a la palabra en lugar de al acto en sí, así que no nos sirve de mucho. El de comer, sin embargo, lo tiene bastante más claro y en cuanto ve que vamos a desayunar o que es la hora de comer, se lleva la manita a la boca haciendo un ruidito sabrosón.

En resumen, más allá de las anécdotas, me quedo muy claramente con la capacidad de los niños para imitar a sus mayores. Por eso, tratemos de aprovecharla para bien con abundantes «gracias» y «por favor» en lugar de descuidarla con malos gestos hacia los demás y actitudes que no querremos ver reflejadas en ellos dentro de unos meses o, quién sabe, pasados varios años. Cuidado con las esponjas.

 

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7 comentarios sobre “Lentillas y tetitas”

  1. Me asusta leerte la verdad… Vidas paralelas. A mi me pasa exactamente igual con el tema del semáforo. Es increíble pero hasta ahora no era tan consciente de la importancia de esperar a que el muñeco se ponga en verde pese a que por la calle apenas pase ni una bola del oeste. Me da una rabia tremenda cuando alguien cruza mal delante nuestro, Mara siempre me dice: “Mami está mal” y se pone a gritar al que cruza indebidamente para advertirle del peligro. Y lo de es tonto o es malo me pone enferma. Por no hablar de las mentiras. No lo puedo entender. Desde que su abuela le dio un golpe al coche al grito de “malo, malo”, Mara no para de pegar y decirle malo a todo lo que se mueve cuando algo no le gusta incluidos nosotros. ¡Qué lucha permanente! Es agotador. Yo estoy cansada de luchar contra todo, la verdad.

    PD. Me como a Lara con su muñeco!!! Esta niña es tan amor que no se puede deja rde ella ni los huesos. Ñam!

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    1. Ya os escuché el otro día con lo del «malo», ya… Es que no nos damos cuenta cuando lo hacemos, pero son hábitos que después nos va a costar mucho más eliminar, o al menos lograr que entiendan lo que implican. Qué rabia da cuando los demás no ayudan, por más veces que se lo repitas. Pero no te canses, Diana, que hay que seguir luchando otro poco 😉

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      1. Y esto solo acaba de empezar… 🙂

        Por cierto, sigo horrorizada con el tema de la comida en la guardería. Todos los días chuches, tartas, etc. ¿Y qué puedes hacer? Prohibir nunca porque es peor… y al final consigues el efecto contrario. Pero, ¿qué haces? Qué complicado… Tengo que escribir un post sobre esto a modo desahogo XD

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        1. Supongo que llega un punto en que tenemos que asumir que no podemos controlar más allá 😐

          A nosotros nos gusta la política del «no ofrecer; no negar», pero claro, la primera parte se la tenemos que explicar también a abuelos, tíos y demás. En ese sentido, al menos, sí que hemos tenido un poco más de suerte en la guarde. A veces cocinan y les dan galletas, pero como saben que nosotros en casa no, ellas mismas insisten en que prefieren seguir nuestra opción, aunque ya les hemos dicho que si la niña lo pide, pues que se lo den.

          Pero sí, a veces hace falta un poco de desahogo 😉

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  2. Son unos pequeños monitos que imitan todo! Así llamó yo cariñosamente a mi niño. Coge los cargadores de los móviles que se va encontrando y lo lleva al enchufe, coge un teléfono y se lo pone en la oreja, je je yo es que me río con estas ocurrencias y que importante es que digan gracias y por favor, este cada vez que me da algo, le digo gracias y el me mira y se ríe, en fin.. Poco a poco.

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