La «profe» que me gusta

La «profe» que me gusta

No, esto no es otra historia de amor adolescente entre profesora y alumno. Yo a quien quiero es a mamá; ni profesoras, ni gaitas. Si os estoy dando un disgusto, siempre podéis acudir a Fan Fiction y buscar algún «crossover» entre «Crepúsculo» y «Harry Potter», que para eso son las dos sagas más sometidas a semejante maltrato por parte de sus seguidores.

Hoy he venido a hablar de mi libro, que en el capítulo que nos concierne se refiere a los dos tipos de profesoras que he identificado en la guardería a la que llevamos a nuestra gusanita. Hablo directamente de «profesoras» en femenino porque el personal de la guardería está compuesto exclusivamente por mujeres. Otro día podemos discutir si queréis el porqué de esa falta de hombres en el sector infantil y de los cuidados; daría mucho de sí y hoy no tocaba.

El caso es que nuestro reparto doméstico de tareas ha dejado en mis irresponsables manos la responsabilidad de conseguir llegar a la guardería con la gusanita de buena mañana. En nuestra escuela tienen la costumbre de que sea una profesora distinta cada día la que sale a la puerta a ir recogiendo a los niños, lo que me ha permitido conocer en muy poco tiempo a un abanico amplio de «profes». Y aunque la gusanita y yo todavía hablamos en su rudimentario «gusañol», nos entendemos lo suficientemente bien como para haber alcanzado un consenso bastante amplio sobre quiénes son nuestras favoritas.

Y es que hay dos tipos de profesoras, como decía. Por un lado, están las que salen a la puerta, dan los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja, y antes de que hayas llegado a pronunciar la «d» del «días» de tu «buenos días» correspondiente ya han arrancado a tu hija de tus brazos y se han dado media vuelta con ella camino del aula. Desde luego hay niños a los que esto les parece estupendamente divertido; por desgracia, no es el caso de nuestra gusanita, que habitualmente responde con un berrinche que se oye en un radio de dos manzanas y que sigue atormentándome hasta que Pepa Bueno enciende de nuevo su voz en los altavoces del coche.

El segundo tipo es el de las «profes» que salen despacito, dirigiéndose primero a los niños con calma, con suavidad, con cariño. Saben que ellos son los protagonistas. Saben lo que les gusta y lo que no y, sobre todo, saben esperar. Porque entiendo que padres y escuelas por igual tenemos mucha prisa a primera hora de la mañana para ponernos en marcha, pero no creo que vaya a ser un drama dedicarle un segundo a respetar el ritmo de cada niño. Soy el primero que desde que sale de casa cada día ya llega tarde; eso no impide, sin embargo, que me pare de camino a la escuela si vemos un perrito que nos hace gracia, o si el almendro que hay en el parque que está de camino está lleno de flores y sé que a la gusanita la tranquiliza pararse a tocarlas con su dedito y olerlas con su naricita.

Yo lo tengo claro, y ella más aún. Ninguno de los tres lo hemos pasado bien durante el periodo de adaptación, pero con todo y con eso, algunas «profes» han conseguido abrirse un pequeño huequecito en su corazoncito, ¡y ya les echa los brazos!. Nosotros lo tenemos claro: esas son las «profes» que nos gustan.


NOTA DEL AUTOR:

Sé que os sorprende por la elevada calidad artística que demuestra, pero sí: el dibujo es mío. Debo decir, eso sí, que es una burda caracterización y que cualquier parecido con la realidad es única y exclusivamente fruto de la casualidad.

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10 comentarios sobre “La «profe» que me gusta”

    1. Ojalá… De momento, esta semana llevamos 1 día de 3. Mala suerte para volver de las vacaciones.
      Nos estamos estancando con esto de la llegada a la guardería: ya ni hacia adelante ni hacia atrás. Entramos llorando todos los días y salimos contentos y agotados. Menos mal que ya «sólo» quedan 2 ó 3 meses 🙂

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  1. En la guarde de nuestro peque en el periodo de adaptación nos decían que le lleváramos (si podíamos ) de los últimos para que pudieran hacerle más caso. En su guarde entramos nosotros a dejarle en el aula (buenos entra Mami que es quien le lleva) y el ya se queda tan tranquilo, al principio era un berrinche todos los días.

    A ver si tenéis suerte y os tocan todos los días profes de las que os gustan.

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    1. Mira, eso de poder pasar al aula también me parece bien. En la nuestra queda fuera de la política de la guardería porque dicen que algunos niños se asustan al ver a otros padres, que también puede ser.
      En fin, poco a poco…
      ¡Un abrazo y gracias por pasarte!

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  2. A mi hija le ocurría lo mismo y también se enamoró de su primera profe de guarde que se llamaba Amor y hacía honor a su nombre. El drama fue cuando Amor se tuvo que ir y nos tuvimos que adaptar a otra. Pero, eso le ha servido a mi nena para aprender a aceptar todos los cambios de profe que ha vivido desde entonces hasta los casi 11 años que tiene ahora. Duro? Si. Pero la vida no siempre es como queremos y los profes tampoco. Le tocarán muchos distintos y no siempre le gustarán, pero, estoy segura de que le enseñarás a adaptarse. Besos

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    1. Supongo que al final se tendrán que curtir en todas las batallas de la vida; no queda otra. Pero oye, igual que en otros ámbitos de la vida también es deseable hacerles las cosas a los demás lo más llevaderas que sea posible, también me gusta ver ese esfuerzo en las personas que se va cruzando en su corto camino mi hija 🙂 Cuando no, es duro como dices, sí.
      ¡Un beso, Ana!

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  3. Jajajaja… El dibu es lo más! Gracias por la nota aclaratoria 🙂 Es pero impaciente ese post sobre los cuidados en manos femeninas… Yo también me lo he planteado muchas veces.
    Qué bien que haya profes así en la guarde pero mal por las otras que comentas. Como bien dices cada niño tiene un ritmo y qué menos que un poco de afecto y cariño para que la separación de papá sea lo menos brusca y triste posible. Al final, somos su mundo. El único mundo que han conocido hasta ahora y les damos seguridad… ¿Qué menos que hacer ese salto al mundo con calma?
    Besitos para Lara, más bonita no puede ser!

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    1. Vaya, para qué habré dicho nada de los cuidados y un post, jajaja.
      Yo entiendo que con la legislación española hay demasiados niños por educadora, pero si unas se permiten tranquilamente 15 segundos más por niño, no sé por qué otras no pueden. Vaya mundo estresado nos hemos creado…
      ¡Un beso a los tres!

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