Curso de preparación al parto

¿Curso de preparación a qué?

Este blog nació con doce meses de retraso. Debía de estar muy a gustito en mi tripa, aunque no faltaron ocasiones en las que deseé que hubiera nacido ya. Para cuando las prostaglandinas pusieron en marcha los mecanismos de su nacimiento, ya tenía el papá algunos asuntos pendientes acumulados que nunca llegaron a ver la luz a su debido tiempo. El primero de ellos es el de los cursos de preparación al parto.

No quiero enrollarme demasiado, así que iré al grano: ni a mamá ni a mí nos gustó el curso que impartió nuestra matrona en un ambulatorio de la Seguridad Social. ¿Por qué? Os lo cuento.

Contenido justito

Ya comenté en una entrada anterior que nunca había leído tanto sobre ningún tema. Como el equipo que somos, mamá y yo nos habíamos documentado extensamente cada uno sobre aquellos ámbitos del embarazo, el parto y la crianza que más nos habían interesado. Así, entre los dos, teníamos una base bastante sólida a partir de la que iríamos construyendo nuestra m/paternidad.

No todo el mundo tiene por qué ser tan obsesivamente friki como nosotros. Nos gusta entender cómo funcionan las cosas y actuar con conocimiento de causa. Pero sí sería de esperar, al menos, que unos papás en ciernes mostraran un mínimo de interés por ir poniéndose al día de la que se les viene encima. Nuestro instinto de mamíferos seguro que hace acto de presencia cuando menos nos lo esperemos, pero hasta ese momento, lo hemos guardado tan al fondo del cajón de nuestro bagaje cultural, que haríamos bien en no quedarnos sentados esperando. Es un fenómeno curioso ver cómo comparamos docenas de sitios web con centenares de pestañas abiertas en el navegador para encontrar la mejor opción de compra de unos calcetines para luego fiarlo todo al destino cuando de lo que se trata es de cuidar a nuestra futura familia, ¿no?

En cualquier caso, el resultado de nuestro «frikismo» fue que apenas descubrimos nada nuevo durante el curso. En las cuatro sesiones que duró rozamos levemente la portada de multitud de temas, pero no llegamos a profundizar en prácticamente ninguno. Cualquiera con un mínimo de interés por la materia se aburriría como una ostra en aproximadamente un 85% de la duración de nuestro curso.

Lo malo es que no sé cuál sería la solución a este problema. Es obvio que hay que recorrer todos los temas básicos y fundamentales de parto y postparto, pero nosotros echamos mucho de menos más información práctica sobre cosas como la lactancia materna o las posibilidades para diseñar un plan de parto personalizado. Es necesario hablar de cómo cuidar una episiotomía, desde luego, pero sería genial si complementaran el tema con formas de ayudar a prevenirla, que es lo que todas las mamás desearían: ¿masaje perineal para empezar, quizá? Es importante que los papás tengan claro qué trámites burocráticos tendrán que hacer tras el nacimiento de su bebé, pero quizá bastaría con entregar un papel con el resumen o dar un enlace a una de las decenas de webs que lo explican paso a paso, ¿no?

Contenido antiguo

Afortunadamente, creo que la mayor parte de las matronas están bastante al día en cuanto a recomendaciones sanitarias de cara al parto y la crianza del bebé. Sin embargo, todavía se escapan algunas observaciones peligrosas. Hablamos de temas delicados y muy personales, pero el papel de la matrona no debería consistir tanto en ser políticamente correcta para no herir sensibilidades como en dar las mejores recomendaciones para que la madre y el bebé completen el viaje de la mejor forma posible.

Más allá del contenido en sí, no estaría mal que alguien dotara a las pobres matronas de medios un poco más actuales. No digo que necesiten un televisor 4K y un reproductor Blu-ray, pero por amor de Dios, tener que proyectar los vídeos en un televisor 4:3 de tubo, con un reproductor VHS y una cinta tan rayada que el grano de la película era más gordo que la cabeza del bebé pues a lo mejor tampoco.

Horario y calendario

Ahora que está reciente la campaña #padresigualitarios de los papás blogueros, tengo que reconocer que me llama la atención lo poco que oigo a los padres quejarse de esto. Para cualquier futuro papá que trabaje es prácticamente imposible acudir a los cursos de preparación al parto, al menos con los horarios que teníamos nosotros disponibles en nuestro centro de salud: uno a media mañana y otro a media tarde. En una ciudad como Madrid, en la que hay que contar con un desplazamiento mínimo pero muy mínimo de media hora para ir a prácticamente cualquier sitio, hay que estirar mucho la generosidad del jefe para que te dé tiempo a llegar a clase a las 17:30 un martes. Si de verdad queremos que los padres nos impliquemos en el cuidado de los hijos y me consta que cada vez somos más los que queremos, no podemos obviar la figura del padre ya desde antes de que el bebé haya hecho siquiera acto de presencia.

Y me quejo como padre porque es la parte que me tocó vivir, pero estoy seguro de que a más de una mamá le pondrán también pegas en el trabajo cuando tenga que faltar para acudir a estos cursos de preparación. Sé que mamá tenía derecho a esas horas y no tuvo ninguna dificultad, pero el derecho debería extenderse por igual a todas las mamás y todos los papás que así lo deseen.

Tampoco nos satisfizo el calendario. Teníamos programado un número determinado de sesiones, siempre los martes a las 17:30, con la mala suerte de que uno de ellos coincidió con un día festivo en nuestra comunidad autónoma. ¿Solución? Condensar el resto de sesiones para poder completar todos los temas previstos en 4/5 del tiempo contemplado inicialmente. ¿Esa es la importancia que le da nuestro sistema sanitario a los cursos? No pido que la matrona tenga que trabajar el domingo para darme a mí un curso, pero digo yo que no será tan difícil programar una sesión alternativa en otra fecha, ¿no? Que porque el curso dure unas horas menos no significa que la mamá vaya a dar a luz «un poco menos», vaya.

Instalaciones

Cierro la lista volviendo brevemente a la necesidad de dotar a las matronas y centros de salud de material digno. Ya de entrada, vuelve a señalar la ínfima importancia que se da a la figura de la matrona y a los cursos de preparación al parto el hecho de que no todos los centros de salud cuenten con ellos. El nuestro no tenía; ni lo uno, ni lo otro; ni matrona, ni curso. Súmese, por tanto, al horario imposible, la necesidad de un desplazamiento hasta un centro de salud más lejano que sí disponía de matrona al servicio de sus usuarias.

Que las madres y los padres que puedan de varios centros de salud tengan que desplazarse hasta uno diferente para realizar el curso tiene un primer impacto evidente, y es que la asistencia es mucho más numerosa que si se tratara solo de las personas adscritas a ese centro. Nos vimos así, día tras día, en una habitación ridícula para semejante agrupación de barrigas, con madres tiradas por todas partes como los juguetes que quedan esparcidos por el salón de casa cada tarde cuando la gusanita se va a dormir. No había sillas suficientes, y nos veíamos obligados a arrastrar bancos de la sala de espera del ambulatorio arrancándoselos de debajo del culo a los pobres pacientes que esperaban turno.

El día que tocó hacer ejercicios de relajación y respiraciones el espectáculo se tornó dantesco. Mientras los papás nos pegábamos a la pared junto a los carteles de canales de parto y vaginas gigantes, las mamás organizaban en el suelo una coreografía de tripas y colchonetas digna de Spencer Tunick, acoplándose como sardinas en lata para intentar no provocar una oleada de partos prematuros.

Una vez más, no pedimos el gimnasio de la ciudad deportiva de Valdebebas, pero qué menos que tener en cuenta el número de participantes del curso a la hora de elegir las instalaciones donde se va a impartir. Harto les debe de doler ya el espinazo a las pobres embarazadas como para que encima las obliguemos a tirarse dos, tres y hasta cuatro horas sentadas en la repisa de una ventana que les congela los riñones.


 

Por lo que me cuentan otras mamás —futuras y presentes—, la organización y la calidad de los cursos no tienen nada que ver en función de a qué centro de salud acudas, no digamos ya si comparamos distintas comunidades autónomas. Supongo, además, que la experiencia personal será muy diferente en función de la predisposición y las expectativas con que cada uno acuda al curso. No obstante, para mamá y para mí fue una gran decepción y una oportunidad desaprovechada.

Convendría hacer un estudio serio sobre qué impacto —incluso económico— tendría una mejora en el contenido y la estructura de los cursos; estoy seguro de que se evitarían problemas en algunos partos, visitas innecesarias a matronas y ginecólogos, o lactancias fracasadas de forma prematura.

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