El bebé es un mamífero, y mamá también

«El bebé es un mamífero», y mamá también

Si habéis leído mi presentación, no os sorprenderá que no tenga ya ni la más remota idea de cómo conocí a Michel Odent. Puede que lo hiciera a partir de la lectura de «Mamamorfosis – Las 200 caras de la luna», libro que os recomiendo mucho a los papás si queréis acercaros un poquito más a entender lo que pasa en lo más profundo de mamá durante su maternidad. O puede que fuera después de ver el reportaje «De parto» de Documentos TV —este solo os lo recomiendo si os interesa profundizar en cómo cambia la experiencia de dar a luz en función de cómo entiende el parto cada sistema sanitario nacional—.

Con la prudencia del que se tiene que limitar a verlo desde fuera, me siento cercano a las propuestas que abogan por un parto más natural. No debemos olvidar que los avances médicos han salvado la vida de muchos bebés y mamás, pero, bajo mi punto de vista, eso tampoco debería llevarnos a medicalizar los partos sistemáticamente como si estuviéramos operando a un paciente que ha llegado enfermo al hospital. No hablo necesariamente del parto en el hogar, pero sí de enfocar de una manera más hogareña, humana, natural… el entorno y los procedimientos que rodean los partos hospitalarios.

Michel Odent fue uno de los pioneros en esa manera de interpretar el nacimiento en la especie humana. Los Reyes le trajeron por sorpresa a mamá su libro «El bebé es un mamífero», así que, interesado como estoy en el tema, aproveché para leerlo. La primera edición salió a la venta en 1990, pero su contenido mantiene la vigencia del primer día en un país como el nuestro, que encabeza todo tipo de estadísticas negativas en cuanto a intervenciones innecesarias, incluso peligrosas, en los partos —algún día habrá que hablar de la violencia obstétrica—. Empezaré por la parte negativa, para tratar de terminar con buen sabor de boca.

En primer lugar, me decepcionó un poco que el libro estuviera más orientado a la mamá como mamífera que al bebé. Quizá debido al título, me imaginaba más un estudio de las razones fisiológicas que llevan a los bebés a comportarse como lo hacen, una descripción de sus necesidades más inmediatas como animalitos que son desde el momento de su nacimiento. En su lugar, me encontré con un tratado sobre el parto desde el punto de vista de la madre como animal mamífera. Que también es muy interesante, pero no lo que yo esperaba.

En segundo lugar, los Reyes tuvieron el poco atino de elegir una pésima edición del libro. La traducción estaba llena de errores ortográficos y el diseño era paupérrimo, hasta el punto de que las pocas fotografías que incluye apenas se diferencian de un manchurrón negro de tinta. Una pena; consecuencias, supongo, de las compras de última hora en Amazon. Eso en una buena librería no pasa, ¿ves?

Por lo demás, el libro es un ensayo muy breve y fácil de leer. No es una lectura para todo el mundo, eso sí. En una sociedad digital y en permanente urgencia como la nuestra suena demasiado «hippy» apelar al carácter animal del ser humano. Nuestra forma de entender la vida moderna nos impone huir de los sentimientos y de los instintos; a nadie le importan las necesidades más viscerales y animales de una madre parturienta mientras el parto llegue a buen término. Pero como ya he hecho en otras entradas, me niego a asumir que eso deba ser así, no me vale con eso. Es absolutamente cierto que somos mucho más que mamíferos, pero precisamente por eso las cosas se pueden hacer mejor; de hecho, ya se hacen mejor en otros países, como se puede ver en el documental que recomendaba al principio. Es cuestión de querer entender necesidades más profundas que eviten negar lo que somos antes que otra cosa: seres humanos, seres animales.

El nacimiento de nuestra gusanita transcurrió en absoluta normalidad si lo medimos por los estándares a los que acostumbramos en España. Sin embargo, a la luz de este tipo de reflexiones, no podríamos decir que fuera un parto respetado ni natural. Mamá y yo ya entreveíamos durante el embarazo que queríamos hacer las cosas de otra manera, y nos esforzamos por buscar un hospital que compartiera este tipo de filosofía. Aun así, la buena voluntad de un «banner» en su web, los buenos propósitos de unos procedimientos descritos en un puñado de documentos PDF se quedan en nada sin la colaboración activa del personal, que en última instancia son parte de una sociedad que no quiere mirar atrás, mucho menos mirar en su interior.

Creo que el parto en casa no es para nosotros. Lo respeto con distante admiración y curiosidad, pero todavía entiendo que el riesgo existe y que es bueno tener toda la ayuda posible lo más cerca posible. Sin embargo, ¿seremos capaces de encontrar, de crear, alternativas?

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