#padresigualitarios

#padresigualitarios

Ser padre revoluciona tu forma de interpretar la realidad; te hace ganar conciencia de problemas que hasta ese momento habías esquivado con la habilidad de un Neo cuyas aspiraciones se limitaban en muchos casos a evitar complicaciones y vivir despreocupado. Las ganas de regalarle a nuestros hijos un mundo mejor, más justo y cuidado, nos llevan a mojarnos más, a esforzarnos por participar y ser parte activa del cambio que queremos.

Antes de ser papá leía a menudo sobre machismo y feminismo, sobre desigualdad de género y estereotipos. Sin embargo, acompañar a una nueva señorita en sus primeros meses en esta nuestra sociedad me ha hecho darme cuenta de lo profundas que son las raíces de este problema tan complejo.

La paternidad —y la maternidad— está plagada de eso que los entendidos llaman «ideología de género». Una cultura que, nos guste o no, sigue atribuyendo roles distintos a hombres y mujeres, insiste en relegar a un segundo plano a muchos padres a la hora de participar en la crianza de sus hijos. Y los padres lo permitimos. Lo permitimos cuando aceptamos con pasividad que sean ellas, las mamás, las que deban tomar siempre la iniciativa que los estereotipos les atribuyen; lo permitimos, y lo fomentamos, cuando damos vida a esas actitudes machistas que hemos heredado y de las que a veces seguimos participando. Eso ya es de por sí negativo, en tanto en cuanto que constituye un primer modelo negativo de desigualdad para nuestros hijos; hijos que, además, se ven a menudo marcados desde su nacimiento para comportarse como se supone que un niño o una niña debe hacerlo en función de su género.

Pero volvamos al papel del papá. Hablamos de una situación compleja que se puede abordar desde muchas ópticas. Una es la concepción tradicional que, tristemente, alimentan aún hoy muchos jóvenes de que es a la mujer a quien corresponde ocuparse de los hijos. No hace falta esforzarse mucho para escuchar comentarios socarrones tildando de «calzonazos» al que rehúsa unas cañas o un partido de fútbol después del trabajo porque quiere volver con sus hijos —ay, los límites del humor…—. Y recalco «quiere» porque yo quiero estar con mi hija; no vuelvo con ella porque tenga que echarle una mano a mamá. Desempeñar mi papel de padre es algo inherente a mi vida desde el momento en que me convertí en uno; no es algo que deba o no deba hacer como una obligación ajena; es parte de mí y quiero que así sea.

En el lado opuesto queda la óptica del feminismo. Para desgracia de una lucha por la igualdad que necesitaría unidad para avanzar, el movimiento está tan fragmentado como los frentes populares de Judea de «La vida de Brian». Un mismo hecho como, por ejemplo, la lactancia materna es contemplado por una parte del feminismo como un privilegio de la mujer que le debe servir para empoderarse —qué de moda está esta palabra—, mientras que otra parte lo percibe como una forma de esclavitud impuesta por una sociedad patriarcal que relega a las mujeres al cuidado del hogar. Algunas mamás defienden su lactancia como algo propio y exclusivo, negándole al padre cualquier papel en ella. Es innegable que solo ellas pueden dar el pecho, pero un padre implicado tiene decenas de formas de contribuir a que la lactancia siga adelante con éxito, o al menos así lo veo yo. Es solo un ejemplo.

Es nuestro deber como padres actuar en igualdad en casa, aunque es difícil —imposible, de hecho— entender esa igualdad como un reparto idéntico de tareas. Yo no puedo dar a luz ni dar el pecho, mal que me pese, y odio planchar con todas mis fuerzas; a mamá le da mucha pereza fregar. ¿Corresponsabilidad significa entonces que debamos ambos planchar a partes iguales? Los dos cocinamos y barremos, los dos cambiamos pañales, los dos jugamos con la gusanita, los dos hacemos la compra, los dos ponemos y quitamos la mesa… ¿Y sabéis cuándo es cuando más lo disfrutamos? ¡Cuando, además, lo podemos hacer juntos!

Yo no ayudo a mamá en casa; no le echo una mano con la lavadora ni me limito a cocinar mi plato estrella los domingos. No le sostengo a la gusanita un momento para que vaya al baño, ni la entretengo media hora para que haga la cena. No, me niego. La casa y la niña son cosa de ambos, y ambos podemos y debemos sacarlos adelante a partes «iguales». «Iguales» entrecomillado porque la igualdad bien entendida no consiste en repartir todo al 50%, sino en que cada uno contribuya en la medida de sus posibilidades.

Conseguir que la mentalidad de esta sociedad cambie costará mucho. Hay quien habla de que deberá pasar aún una generación entera; a mí me parece que son incluso optimistas. Lo que no podemos hacer es sentarnos a esperar que la sociedad cambie por sí sola como un ente con vida propia. Nosotros somos la sociedad. Esta «padresfera» implicada y activa es un primer paso importante para visibilizar la necesidad de un cambio, pero un paso pequeño en una larga travesía llena de obstáculos. Cuanto antes nos pongamos en camino, antes llegaremos.

Anuncios

5 comentarios sobre “#padresigualitarios”

  1. Conseguir que la mentalidad de esta sociedad cambie costará mucho como bien dices, sobre todo porque aún hay mucha gente anclada en el pasado. Me has recordado un montón de cosas que he vivido últimamente y que son cuanto menos horrorosas… Muy machistas. Por ejemplo, recuerdo que un día Mara llevaba las botas sucias y la madre de Adrián me dijo: – Diana, mira como están las botas. Como si su hijo al que tenía al lado mucho antes de que yo llegara no pudiera limpiarlas. Y así una larga lista que dan para varios tomos de la Espasa. Espero que nuestra generación sí abra ese camino hacia un cambio real de mentalidad. Vosotros desde luego lo estáis haciendo de diez!!!

    Me gusta

    1. Lo de las abuelas dirigiéndose a la mamá como opción por defecto me sigue pareciendo muy fuerte. Mi madre me lo hace cada semana por WhatsApp, y siempre le digo a Vanesa «¿pero por qué no me escribe a mí? O_o?».
      Pero bueno, yo creo que incluso ellos están tomando nota de nuestro ejemplo y se van dando cuenta de que se pueden hacer las cosas de otra manera. ¡Habrá que seguir!
      ¡Un besote, Diana!

      Me gusta

  2. Tu entrada es digna de publicar en los periódicos de más influencia en este país..
    En casa intentamos los dos colaborar en todas las tareas (limpieza, cocina, compra) y en todo lo que refiere a la niña (cambio de pañal, dormirla, jugar con ella, prepararle y darle de comer..).

    Un día tuve que oír a un hombre decirle a mi marido “calzonazos” por levantarse por la noche a atender a la niña; y le faltó poco para decir que eso era tarea mía.
    Otras mujeres aceptan que eso es tarea suya y no dejan que el hombre haga nada en casa…
    Por suerte hay hombres que entienden el concepto de “compartir tareas”.. Ojalá podamos mostrarles a nuestros hijos un mundo más igualitario; sin comentarios despectivos de unos hacia otros, sin feminismos radicales ni machismos anticuados.

    Le gusta a 1 persona

    1. No sé si tanto como para publicar en los diarios, jejeje, pero sería bueno, al menos, que la idea que hay detrás sí empezara a extenderse un poco más. Historias como la que cuentas hacen evidente que queda mucho por hacer. De momento, vamos empezando por dar ejemplo en casa, como hacéis vosotros, que ya es mucho si conseguimos que cunda.
      ¡Muchas gracias!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s